Archivo de la etiqueta: Mediterráneo

Mejillones, ostras y dolce vita en la bahía de Alfacs

La grandeza del río Ebro no queda suficientemente reflejada en su humilde nacimiento en Fontibre (Cantabria) ni en su discurrir frente a la Pilarica de Zaragoza. Donde se ve y se siente verdaderamente la majestuosidad del río más caudaloso de la Península Ibérica es en su desembocadura, en el Delta del Ebro.

Allí, los sedimentos que ha ido arrastrando y depositando con suma delicadeza el río que da nombre a la península, han ido formando su propia “barra” frente al mar Mediterráneo. El entramado de canales, naturales y artificiales, donde el agua dulce juega con el agua salada, da lugar a un terreno muy fértil, lleno de biodiversidad. En el Parque Natural del Delta del Ebro, declarado en 2013 Reserva de Biosfera, emergen dos bahías naturales: la bahía del Fangar al norte y la bahía de Alfacs/Alfaques al sur. Hoy vamos a navegar por esta segunda bahía para visitar Musclarium, templo de ostras y mejillones en Sant Carles de la Ràpita, una antigua mejillonera reconvertida en icono turístico, gastronómico y económico de Terres de l’Ebre.

Bahía de Alfacs Sant Carles de la Ràpita
Una bahía “obra” del río Ebro

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Restaurante El Mirador: arroces con vistas al Mediterráneo en Alcossebre

No todos los restaurantes, los que frecuentamos y sobre los que escribimos aquí, tienen la suerte de tener comedores con espléndidas vistas. Y pocos de ellos tienen la inmejorable suerte de tener vistas al mar, azul Mediterráneo en este caso.

Puedes suponer algo cuando el restaurante al que vas a ir a comer ese día, por accidente y tras no tener sitio en otros dos restaurantes de la zona que nos habían recomendado, se llama ‘El Mirador’, pero nunca sabes. El restaurante se sitúa en el extremo sur de la Playa La Romana, en la carretera que conecta las últimas urbanizaciones del municipio de Alcossebre (Alcoceber en castellano) con la vecina Torrenostra.

Comer un buen arroz en la Comunitat Valenciana, un clásico

Los arroces, un plato clásico en la cocina de la Comunitat Valenciana

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Crucero por el Mediterráneo con niños: Documentación necesaria para menores de dos años

Al viajar con niños pequeños, si nadie te dice ni te avisa de nada especial, es probable que en alguno de tus viajes tengas alguna sorpresa. La anécdota, y esperamos que artículo con información práctica que escribimos hoy, está basada en una experiencia real vivida durante el año 2011, cuando Izaro realizó su primer gran viaje, ¡con apenas 3 meses!

Y para ser el primero, empezó fuerte, ya que fue un doble embarque: un embarque en vuelo Bilbao-Barcelona, y luego un nuevo embarque, esta vez en un enorme barco, para realizar un crucero por el Mediterráneo.

Crucero Mediterráneo con niños Pullmantur
Crucero por el Mediterráneo con niños

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Finca pública Es Galatzó, el refugio mallorquí de Don Victorio Luzuriaga

Don Victorio Luzuriaga. Nombre y apellido, que junto con el prefijo ‘Don’, suenan relevantes. Además, el apellido denota grandes posibilidades de ser de origen vasco, ¿verdad?

Así es, Javier Luzuriaga y su hijo Victorio Luzuriaga, fueron unos valientes emprendedores dentro del panorama industrial de finales del siglo XIX y gran parte del XX. Su buen hacer y esfuerzo, su visión oportunista del negocio, y la pizca de suerte de un boleto premiado de lotería de Navidad, hizo que esta familia acabara convirtiéndose durante la primera mitad del siglo XX en una de las familias de empresarios industriales más importantes de la época, con Victorio Luzuriaga a la cabeza de la saga. Sí, la familia era vasca, oriunda del noreste de Gipuzkoa, donde comenzaron sus actividades industriales: Tolosa, Donostia, Pasaia y otros municipios fueron industrialmente conquistados por los Luzuriaga, entre otros. Es más, en la isla de Mallorca era conocido como ‘El Vasco‘, y le llegaron a dedicar el nombre de una calle por todo lo que hizo por la isla. ¿Un importante empresario industrial vasco en Mallorca, a qué viene este comienzo tan rebuscado?

Vidriera con el nombre de Victorio Luzuriaga

Vidriera con el nombre de Victorio Luzuriaga

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Camí de Ronda de la Costa Dorada, senderismo entre acantilados y calas nudistas

Durante el TravelBloggersMeeting #TBMCatSur, tuvimos la oportunidad de realizar ciertas actividades de turismo activo en Tarragona; yo en concreto tuve la ocasión de disfrutar como un enano con la actividad denominada ‘Camí de Ronda: senderismo entre acantilados y playas de la Costa Daurada’. He de admitir que desconocía por completo la oferta de rutas de senderismo en la Costa Dorada, de ahí que me apuntara, para indagar y tomar apuntes para el futuro. Hay que atreverse y conocer destinos de forma diferente, probar cosas nuevas… ¿No? Venga, cálzate las botas de trekking o tu calzado deportivo favorito y vente con nosotros a explorar el camino de ronda entre Tarragona (Playa Larga) y Altafulla (Castillo y playa de Tamarit). Terminantemente prohibido empezar a leer caminar en chancletas.

Cala Fonda ó Playa Waikiki en ruta senderismo Camí de Ronda Tarragona Tamarit
Cala Fonda ó Playa Waikiki, uno de los rincones secretos por los que discurre el Camí de Ronda

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Tossa de Mar y su recinto medieval amurallado de Vila Vella, una joya única en la Costa Brava

Yo era de los que erróneamente asociaba el nombre de Tossa de Mar a turismo extranjero joven en busca de despiporre y juerga salvaje en primer lugar, y sol y playa en segundo y último lugar. Sí, es lo que tiene estar cerca de la canibalizada localidad de Lloret de Mar, un hecho inevitable que propiciaba que indocumentados como yo, asociáramos esta bonita y antigua villa de pescadores al turismo compulsivo de fiesta y más fiesta, para luego dormir la mona todo el día en la playa.

Lo bueno de este tipo de errores es que te puedes resarcir de ellos bien fácil. Lo único que hay que hacer es pasar una jornada en familia por esta villa gerundense, y luego, extraer las consiguientes conclusiones, hablar con propiedad vamos. Y es lo que hicimos precisamente en Agosto del 2012, cuando desde Blanes, fuimos en coche a pasar el día a Tossa de Mar, también conocida como la antigua villa romana de Turissa.

Qué ver en Tossa de Mar
Vistas sobre la Torre del Codolar y la localidad de Tossa de Mar

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Nadar entre atunes y conocer de cerca el atún rojo del Mediterráneo

‘Nadar entre atunes’ suena bastante light si lo comparamos con los aventureros claims que estamos acostumbrados a ver en sitios exóticos a los que viajan algunos: ‘nadar entre tiburones’, ‘bucear junto a la ballena jorobada’, etc. Suena light…hasta que te dicen que los atunes con los que vas a nadar pesan ¡más de 200 kilos!

En efecto, durante el pasado Travel Bloggers Meeting celebrado en Tarragona, gracias a Turisme Terres de l’Ebre, he tenido la magnífica oportunidad, que no olvidaré jamás, de nadar entre atunes, de ver y admirar estos animales de cerca, de aprender más sobre ellos.

La aventura comienza en el puerto de l’Atmella de Mar, una localidad tarraconense que conserva ese antigua sabor marinero pero que a su vez, está volcada con el turismo, tanto con el turismo de sol y playa como el turismo activo, el experiencial. Esta población costera es todavía a día de hoy la number one de Catalunya en cuanto a flota de atuneros, y es que la pesca del atún rojo del Mediterráneo ha ido siempre estrechamente ligada a la actividad y vida diaria d l’Atmella.

Nos subimos al moderno catamarán que el Grupo Balfegó tiene atracado en el puerto, que ejerce de medio de transporte hasta alta mar en la actividad Tuna Tour que aquí se detalla.

Catamarán de la empresa Balfegó que realiza el Tuna Tour

Catamarán de la empresa Tuna Tour

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Sidi Bou Said, festival blanquiazul en el Túnez más mediterráneo

Leído el título, más de uno habrá pensado que la Real Sociedad, los txuri-urdin, están de gira futbolística por el norte de África, y que encima están ganando partidos, y jugando bien. No, aunque es mi equipo de toda la vida, dudo mucho que les iría a ver hasta allí, a no ser que me pille de paso.

Lo de ‘festival blanquiazul’ viene porque Sidi Bou Said es el pueblo del blanco y del azul, del azul y del blanco, aunque de quedarme, me quedo con la primera opción, ya que tiene más autoridad el color blanco. Muchos pueblos pintorescos y con encanto tienen sus peculiaridades, algunas veces a nivel de arquitectura de las casas, escudos, calles empedradas…, y en este caso, lo característico de este pueblo son los colores de todos los edificios, que por misteriosa iniciativa, que luego se convirtió en ley obligatoria, del pintor y músico Barón d’Erlanger, fueron pintándose de estos dos colores a principios del siglo XX. Claro, con el pueblo así pintado, la ley o norma, para seguir con la estética,  dicta que todos los edificios de la localidad tienen que tener pintada la fachada completamente de blanco, y las puertas, ventanas, rejas y tejadillos, de color azul claro; ojo, del mismo tono de azul. ¿Quién dijo democracia cromática?

Esta característica especial ha convertido desde entonces a este pueblo, muy cercano a las ruinas de Cartago y a Túnez capital, en un enclave muy turístico, quizás demasiado, con prácticamente la totalidad de los negocios orientados a sacar los cuartos a los turistas, tanto los bares y restaurantes, como sobre todo, las tiendas de souvenirs, que las hay a cascoporro, para todos los gustos y colores. Alguno te vende hasta a su madre, y por supuesto, aquí también les gusta que regatees con los precios, forma parte del juego, aunque puede llegar un momento en el que si te pasas, se pueden ofender.

Souvenirs multicolor en Sidi Bou Said, en Túnez

Souvenirs multicolor en Sidi Bou Said, en Túnez

Las tiendas de souvenirs se suceden en Sidi Bou Said, en Túnez

Las tiendas de souvenirs se suceden en Sidi Bou Said, en Túnez

El crucero ‘Brisas del Mediterráneo’ de Pullmantur también toca tierras tunecinas, en concreto atraca en el puerto de La Goulette, y una de las excursiones posibles para ese día es una rápida visita a Sidi Bou Said. Nosotros lo visitamos por la tarde, y nos llevaron plácidamente en autobús hasta el punto donde comienza la empinada calle principal que remonta hasta la parte alta del pueblo. Tras informarme un poco, y para el que quiera realizar la excursión por su cuenta, comentar que hay tren desde La Goulette hasta el mismo Sidi Bou Said, es un tren de cercanías, barato, conocido como TGM.

Calle principal de subida a la parte vieja y alta de Sidi Bou Said

Calle principal de subida a la parte vieja y alta de Sidi Bou Said

El pueblo en sí no tiene grandes monumentos, tiene una mezquita y está la casa del barón de origen francés al que le dio el Siroco de pintar así las casas del pueblo. Por ello, la primera recomendación es callejear, y la segunda, seguir callejeando, perderse por callejuelas, cuestas, portales, arcos y terrazas de primer piso de tiendas de souvenirs. El festival blanquiazul en fachadas, puertas y ventanas, desde cualquier ángulo, no tiene fin.

Blanco, azul y ¡alfombras a la venta! en Sidi Bou Said

Blanco, azul y ¡alfombras a la venta! en Sidi Bou Said

Clásica estampa del ritmo de vida mediterráneo de Sidi Bou Said

Clásica estampa del ritmo de vida mediterráneo de Sidi Bou Said

Bancos azules y solitarios que invitan a sentarse en Sidi Bou Said

Bancos azules y solitarios que invitan a sentarse en Sidi Bou Said

Entre el blanco y el azul, tu mirada esquiva rostros de turistas a tutiplén, pero también de oriundos tunecinos, muy fotogénicos todos ellos, algunos parece que posan y todo, se ve que están acostumbrados al ajetreo de la marabunta turística.

Rostros curtidos al sol contrastan con las blancas paredes de Sidi Bou Said

Rostros curtidos al sol contrastan con las blancas paredes de Sidi Bou Said

Afecto y complicidad femenina en Sidi Bou Said, un momento que me sorprendió gratamente

Afecto y complicidad en Sidi Bou Said, momento que me sorprendió gratamente

Uno de los puntos típicos donde culminar la visita al pueblo, en plan relax, es en uno de los cafés que se sitúan sobre la balconada de casas blancas en el acantilado que cae hacia el Mediterráneo. Para ello, hay que subir hasta la parte alta del pueblo, 15-20 minutos por calles empedradas desde el punto de partida como mucho, y justo cuando ya se empieza a ver entre casas el color azul del mar Mediterráneo, hay que coger un calle que baja a mano derecha, también se puede bajar por unas escaleras. Allí, en seguida,  y debidamente indicado, daremos con uno de los cafés más famosos de la zona, el Café des Delices, un café que dispone de impolutas terrazas escalonadas donde relajarse tomando algo. No tuve la suerte de pagar la ronda en este sitio, pero estoy seguro que será un sitio caro si comparamos con el nivel medio de vida tunecino, es carne fresca para turistas, como yo, a veces. He de decir que el extraño café que me sacaron estaba malo a rabiar, muy fuerte y con mucho poso, no lo arregló  ni el exceso de azúcar. Eso sí, al César lo que es del César, porque tomarte algo, cómodamente sentado, al atardecer, y con semejantes vistas, difícil de pagar. Excelente sitio para conversar sobre viajes, donde además tuvimos la oportunidad de desvirtualizar y charlar con el gran viajero Juan Carlos Castresana, un placer. Daba la sensación de estar en Grecia o Ibiza, y mira que no he estado en ninguno de los dos sitios. Aunque es el café más conocido, estoy convencido de que en la zona hay más bares y terrazas, si no iguales, similares, y seguro que más económicos.

Entrada al famoso Café des Delices en Sidi Bou Said

Entrada al famoso Café des Delices en Sidi Bou Said

Terrazas 100% mediterráneas, idílicas, en Café des Delices, en Sidi Bou Said

Terrazas 100% mediterráneas, idílicas, en Café des Delices, en Sidi Bou Said

Si visitas Túnez, por primera vez, en plan turista, y quieres ver lo típico, Sidi Bou Said es una buena elección, y en 2-3 horas te has ventilado por completo esta bella localidad llena de contrastes, donde lo viejuno se mezcla con la luz del sol y de los colores. Eso sí, otra cosa es que te guste la fotografía y seas de los que te puedes pasar horas y horas retratando puertas y ventanas…, si ése es el caso, te costará escapar de uno de los mayores festivales de contrastes blanquiazules del mundo mundial. Estáis avisados…

Festival de puertas, cada cual más bonita, en Sidi Bou Said, Túnez

Festival de puertas, cada cual más bonita, en Sidi Bou Said, Túnez

Puertas azules resultonas, un clásico en Sidi Bou Said, Túnez

Puertas azules resultonas, un clásico en Sidi Bou Said, Túnez

Sidi Bou Said, un lugar que incita a la fotografía

Sidi Bou Said, un lugar que incita a la fotografía

Aunque ya lo era, tras visitar Sidi Bou Said, me queda claro que yo seré blanquiazul, txuri-urdin, forever and ever ¿y vosotros, os ha gustado el contraste de luz y colores de este pintoresco pueblo? Por cierto, ¿dónde decís que vivían los Pitufos? 😉

Información práctica:


Ver El Txoko de Lonifasiko – Sidi Bou Said en un mapa más grande

SaludoX!

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Un día en la isla de Capri: Descubriendo su glamour en clave lowcost

“Definición de Capri: dícese de la bella isla italiana, situada en el Golfo de Nápoles, de donde proviene la ensalada caprese, los pantalones ‘pirata’, hoy en día un destino vacacional de ensueño, relacionado con el lujo y el glamour de la jet-set que la visita”. No es una definición de la RAE, es una definición que me la acabo de sacar de la chistera yo mismo, pero que a buen seguro, es similar a la que ha recorrido vuestros pensamientos nada más leer la palabra ‘Capri’, ¿correcto?

Capri suele ser parada habitual de muchos cruceros que navegan por el Mediterráneo y por el Mar Tirreno, que es realmente el nombre del mar que baña estas costas. También es destino vacacional de gente italiana pudiente, y de la jet-set internacional, pero sin duda, el grueso de visitas que visita Capri son excursiones express de un día, dos-tres a lo sumo. Es una isla únicamente accesible por mar, pero está bien comunicada por ferry y otros barcos más pequeños y rápidos principalmente con los puertos cercanos de Nápoles y Sorrento. En época estival, y cuando las condiciones de la mar son buenas, pueblos de la Costa Amalfitana como Positano se suman a la oferta de transporte a Capri.

Sobre cómo ir desde Positano a Capri en barco, hay un par de compañías que proveen este servicio de transporte. Salen aproximadamente cada hora con destino a Capri y a otros puntos de la costa, y en el caso de Capri, el billete de ida y vuelta costaba algo menos de 20€. Significar que los tickets se cogen en las cabinas situadas en el paseo marítimo de Spiagga Grande en Positano, y que dependiendo la hora, en Agosto puede haber problemas para coger sitio. Por ello, recomiendo madrugar y coger uno de los primeros , sino el primero de los botes que zarpan hasta Capri. Para no andar apurados de tiempo, comentar que  el tráfico y el aparcamiento en Positano, en Agosto, es un auténtico horror, incluso está complicado encontrar sitios en los parkings privados de mala muerte que gestionan  algunos avispados habitantes de la localidad que pretenden hacer el business del siglo. Si puedes ir a Positano en autobús, aunque irás apretujado, es la mejor opción, no perderás tiempo y bajarás directamente a la playa a por los tickets.

Lateral de la playa de Positano donde se coge el barco a Capri

Lateral de la playa de Positano donde se coge el barco a Capri

El barco navega bastante rápido, y el trayecto hasta Capri dura más o menos tres cuartos de hora; es un muy agradable paseo marino que permite disfrutar de unas visitas espectaculares de toda esta zona que comprende parte de la Costa Amalfitana y parte del Golfo de Nápoles. La navegación discurre entre varios islotes, pasa muy cerca de la famosa Punta Campanella, que ejerce de vigía de la península sorrentina, y justo cuando se deja esa protección y la mirada del Vesubio se hace más temible, asoma la silueta caliza de la isla de Capri.

Panorámica de Positano desde el barco dirección a Capri

Panorámica de Positano desde el barco dirección a Capri

La abrupta Costa Amalfitana desde el barco a Capri

La abrupta Costa Amalfitana desde el barco a Capri

Punta Campanella, vigía y vértice de la península sorrentina

Punta Campanella, vigía y vértice de la península sorrentina

Silueta caliza de la isla de Capri

Silueta caliza de la isla de Capri

El barco atraca en Marina Grande, puerto principal de la isla de Capri, una zona con mucho ajetreo turístico por el ir y venir de ferrys y barcos, también de algunas barcas de pescadores que se resignan a cambiar de modo de vida, y con una estrecha playa totalmente repleta de gente.

Marina Grande, el puerto principal de Capri

Marina Grande, el puerto principal de Capri

Ajetreo de primera hora de la mañana en Marina Grande

Ajetreo de primera hora de la mañana en Marina Grande

En realidad Capri es una isla muy pequeña que tiene dos núcleos principales de población, Capri y Anacapri. El centro de Capri se sitúa en lo alto de Marina Grande, mientras que Anacapri está al otro lado de las montañas que vertebran la isla. El medio de transporte ideal para moverse y visitar la isla es el autobús, que conecta casi todos los puntos de la isla, también el barco o una motocicleta nos pueden dar mucha libertad, pero olvidémonos del coche.

Y luego está el funicular, que sube desde Marina Grande hasta la Piazzeta, la plaza que se considera el centro de operaciones de Capri. Es la opción más cómoda y utilizada por los turistas,  ya que cuesta alrededor de 2 euros y salva un desnivel importante. Nosotros, como dos auténticos valientes, como buenos vascos montañeros que somos, por desmarcarnos del rebaño turístico y de las colas, y pensando, sin mirar, que sería caro, hicimos la fanfarronada de subir a pie desde Marina Grande; grave error, ya que ataviados en plan de playa, con chanclas, bañador y mochilita a cuestas, con más de 30º a las 10 a.m., en pleno Agosto, puedo decir que ha sido una de las mayores sudadas de mi vida; no me refiero a  cansancio debido a 15-20 minutos de escaleras y estrechas calles con pendiente continuada, sino al sofocante calor que soportamos. En fin, de todo se aprende.

Callejuelas estrechas de subida desde Marina Grande a Capri

Callejuelas estrechas de subida desde Marina Grande a Capri

Subida desde Marina Grande a Capri

Subida desde Marina Grande a Capri

Menos mal que una vez en la Piazzeta, mezclados con los sonrientes pasajeros del funicular, con el trajín de gente que curiosea en los comercios de lujo de la zona y con  sabor a glamour y dinero por todos los costados, paramos un buen rato para tomar un respiro y divisar desde la balconada de la plaza lo que habíamos subido.

Vista panorámica de las estribaciones de Capri desde La Piazzeta

Vista panorámica de las estribaciones de Capri desde La Piazzeta

Torre-campanario con reloj original en la Piazzeta

Torre-campanario con reloj original en la Piazzeta

Tiendas de lujo en las inmediaciones en la Piazzeta

Tiendas de lujo en Capri: inmediaciones de la Piazzeta

Taxis largos y descapotables característicos de Capri

Taxis largos y descapotables característicos de Capri

Ya recuperados, al no haber mirado nada sobre qué ver en la isla de Capri, y sin una idea muy clara de hacia dónde ir, deambulando por la Piazzeta, nos llamó la atención un letrerito en una pared cercana.

Letrero artesanal que nos condujo hacia el éxito

Letrero artesanal que nos condujo hacia el éxito

No, no penséis mal, era pronto y todavía no teníamos hambre; nos llamó la atención la palabra ‘Belvedere‘, que por días pasados y por haberlo visto en algún otro letrero de carretera, habíamos deducido que significaba ‘mirador’ en italiano, por lo que sin dudarlo un momento, para continuar con nuestro particular trekking, tiramos hacia arriba. De nuevo, entre calles estrechas y pasadizos donde vendían fruta y verdura local, poco a poco fuimos ganando altura, hasta salir a una zona en la que empezaron a aflorar villas y casitas no aptas para todos los bolsillos.

Parte alta de Capri, con el monte Vesubio al fondo a la izquierda

Parte alta de Capri, con el monte Vesubio al fondo a la izquierda

Estábamos en la buena senda, ya que el camino desemboca en un pequeño y no muy cuidado mirador (había bastante basura en el camino) denominado ‘Belvedere Cannone’, todo un descubrimiento. Esta segunda sudada del día, infinitamente menor que la primera, 10 minutos desde la Piazzeta, sí que mereció la pena. Y es que ahí nos plantamos, alejados del bullicio del puerto y centro de Capri, en la mismísima vertical de  Marina Piccola, con sus aguas de color azul y turquesa de otro mundo; y frente a los famosos Il Faraglioni, unas enormes rocas en el agua que son casi simétricas y que protagonizan una de las estampas más conocidas de Capri, donde se han grabado numerosos spots publicitarios, el más conocido, el de una marca de perfume.

Vista vertical sobre Marina Piccola en Capri

Vista vertical sobre Marina Piccola en Capri

Vista panorámica las tres moles rocosas que conforman 'Il Faraglioni' de Capri

Vista panorámica de las tres moles rocosas que conforman ‘Il Faraglioni’ de Capri

Il Faraglioni, con su canal de agua en medio de las dos rocas, típica postal de Capri

Il Faraglioni, con su canal de agua en medio de las dos rocas, típica postal de Capri

Una pena no tener un barquito chiquitito cómo el siguiente para surcar estas aguas, que en vez de infestadas de peces, están infestadas de barcos de lujo de gente muy privilegiada.

Yates de lujo atracados frente a Il Faraglioni, en Marina Piccola, Capri

Yates de lujo atracados frente a Il Faraglioni, en Marina Piccola, Capri

Con la vista extasiadas y la envidia por las nubes, no queda otra que volver a la realidad y deshacer el camino andado hasta la Piazzeta; un mini garbeo por las concurridas calles del centro y por las tiendas de lujo termina por afilarte los colmillos hasta límites insospechados, pero para bajar a tierra, nada mejor que seguir bajando entre estrechas callejuelas y escaleras, ¡qué gusto bajarlas!

Bajada desde Capri hacia Marina Grande

Bajada desde Capri hacia Marina Grande

Ya de vuelta en Marina Grande, con la hora de comer pasada pero con el cielo ganado para el resto del día, directamente optamos por ver qué nos ofrecen las playas en Capri. Peleamos un hueco en la diminuta y espigada playa del puerto, donde los bocadillos que compramos en una tienda cercana nos saben a gloria bendita caprese. A pesar de que la playa no es la ideal y llega a estresar el bullicio, las toallas del prójimo a un milímetro y los bañistas a dos centímetros, unos bañitos acompañados de snorkel en unas aguas muy chulas y un poco de tumbing al sol completan nuestra jornada slowtravel en Capri.

Concurrida playa de Marina Grande

Concurrida playa de Marina Grande

Desde allí, sin jugárnosla a coger el último barco de vuelta, por si las moscas, y tras hacer la correspondiente cola, volvemos a Positano, un trayecto en el que la imagen de Capri se va difuminando en el horizonte en un magnífico atardecer, pero al mismo tiempo, la experiencia de una día vivida en esta bella isla italiana se va asentando en nuestras memorias, buen canje de cromos.

Silueta de la isla de Capri al atardecer, de vuelta a Positano

Silueta de la isla de Capri al atardecer, de vuelta a Positano

Ya veis, para haber estado en Capri, no probamos el funicular, no visitamos Anacapri ni cogimos el famoso telesilla que va hasta Monte Solaro, no compramos nada en las tiendas de lujo en Capri centro, tampoco hicimos la excursión turística que te lleva en barco hasta la afamadísima cueva marina Grotta Azzurra…, qué desastre, ¿no? Pues rotundamente no, es una excursión de día de la que tenemos un gratísimo recuerdo; nos salimos de los cánones turísticos habituales, fuimos sin un plan predefinido, sin habernos informado de nada, sin prisa alguna, a lo que saliese, y esto hizo que afortunadamente fuéramos deambulando y encontrando rincones bien chulos, por accidente. Es por ello que guardamos un fantástico recuerdo de esta excursión, un día tranquilo al más puro estilo slowtravel, que nos permitió conocer una parte de Capri al ritmo que nos pidió nuestro cuerpo aquel día.

¿Qué os ha parecido este relato sobre qué ver en Capri en un día? Fue una manera extraña y un poco desorganizada de visitar la isla de Capri, en clave lowcost, dejando de lado las excursiones típicas e improvisando sobre la marcha. A pesar de este más que aparente caos viajero, guardamos muy buen recuerdo de la visita a esta joya del Tirreno, fue una excursión de día genial. ¿Alguna visita imprescindible en la isla de Capri que se nos pasó por alto?

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Villefranche-sur-Mer, una joya al Este de la Costa Azul

En uno de los últimos recodos de la accidentada Costa Azul francesa, al amparo de las glamourosas Niza y Mónaco, encontramos una pequeña y pintoresca localidad que tiene una gran peculiaridad: su puerto es el primero en Francia en cuanto a tránsito de cruceros de recreo, ahí es nada, lo que se traduce en mucho turismo. Nunca lo hubiera dicho, me imaginaba que los cruceros, requerirían de una infraestructura de puerto considerable, y claro, viendo el pueblo y puerto de Villefranche encajonados en una pequeña bahía, no lo veía muy factible. No, hasta que comprendí la maniobra de aproximación del barco, que se detenía lentamente y echaba el ancla en la propia bahía, sin llegar al diminuto puerto. Aaaamigo, así sí. Parece que esta bahía reúne las condiciones ideales para el fondeo de semejantes bestias navales, y luego, si te apetece, te transportan al puerto de Villefranche en barcos nodriza más pequeños, para que pases el día por allí a tu aire o realices alguna de las excursiones disponibles, por ejemplo, la visita a Mónaco, muy recomendable.

Por todo ello, esta localidad es turísticamente muy conocida, siendo una de las paradas típicas en cualquier crucero por el Mediterráneo, también en el caso del crucero “Brisas del Mediterráneo” de la compañía Pullmantur, que fue el que nosotros hicimos, a bordo del mega buque Sovereign, ¡menudo monstruo!

El buque Sovereign desde la distancia

El buque Sovereign desde el barco nodriza

El auténtico 'Lobo de Mar', avistado en Villefranche-sur-Mer

Uno de los tripulantes del barco nodriza, un auténtico “lobo de mar”

El barco nodriza, con bastante capacidad, estable, y apto para sillas de ruedas y cochecitos de bebé (fuimos en este plan, Izaro tenía 3 meses), te deja en menos de 10 minutos en la pequeña terminal marítima del puerto de la localidad. Según sales de la terminal, a mano derecha y antes de entrar en el puerto y paseo marítimo, nos damos de bruces ya con la pintoresca capilla de San Pedro.

Chapelle Saint-Pierre en la zona del puerto

Capilla de San Pedro ó Chapelle Saint-Pierre, en el mismo puerto de la localidad

A partir de aquí, una sola recomendación para descubrir la localidad: subir de frente por alguna de las estrechas callejuelas y escaleras que suben hacia el casco histórico y…¡perderse, literalmente! No hay otra fórmula mejor para explorar esta localidad, una guía de turismo poco tiene que hacer en este caso, ga-ran-ti-za-do. Nosotros empezamos a caminar en grupo, pero acabamos como el rosario de la Aurora, completamente desperdigados, cada uno sacando fotos en diferentes puntos del casco antiguo; divertido, sólo sabíamos que a cierta hora había que estar de vuelta en la terminal marítima, y para llegar allí, es tan fácil como bajar hacia el puerto, el asunto no tenía pérdida.

Una vez te adentras en el casco histórico, a través de sus estrechas calles de accesibilidad cero, sólo queda disfrutar de los mil y un detalles que irán procesando tus  retinas, siempre fusionando múltiples colores de fachadas y vegetación, con ese ambiente bohemio y a veces “viejuno” tan propio de los cascos históricos. Os puedo asegurar que la combinación funciona, y si además, añades a la visita un poco de día gris y sirimiri, el cóctel es explosivo no, lo siguiente.

Puertas y ventanas coloridas en el casco histórico de Villefranche

Puertas y ventanas coloridas en el casco histórico de Villefranche

Gotas de lluvia en macetas del casco histórico de Villefranche

Gotas de lluvia en macetas del casco histórico de Villefranche

Como monumento destacado y referente de la parte antigua, cabe mencionar la iglesia de San Miguel, construida inicialmente en el siglo XV, y de influencia italiana. El interior no llamó mucho mi atención, y destacan a los ojos del viajero, su espigada y colorida torre y su gran reloj.

Torre y reloj de la Iglesia de San Miguel (Église Saint-Michel)

Torre y reloj de la Iglesia de San Miguel (Église Saint-Michel)

De todas formas, como comentaba, yo me sigo quedando con los detalles pintorescos y fotogénicos, de vida cotidiana algunos, de la parte antigua, para empezar a hacer fotos y no parar…

Detalle ornamental en la parte antigua de Villefranche

Fuentes que ¿florecen?

Flores y plantas en las calles de Villefranche

Flores y plantas en las calles de Villefranche

Viejos ventanales y vida cotidiana en Villefranche

Calles de contrastes: viejos ventanales y pinzas modernas

Calles empinadas, nada accesibles, del casco histórico de Villefranche

Calles empinadas, nada accesibles, del casco histórico de Villefranche

Todavía con el dedo pegado al botón de disparo de la cámara, por si algún inesperado detalle hace acto de presencia, salimos del casco histórico, con la mirada puesta ya en otro sitio con no menos historia: la ciudadela de Saint-Elme. Construida en el siglo XVI, y situada en un punto ligeramente elevado cerca de la actual terminal marítima, esta fortaleza ejerce de testigo mudo del turbulento pasado de ocupaciones y batallas vividos por la villa. Y es que Villefranche, pasó gran parte de su historia a caballo entre diferentes condados y ducados, siendo a finales del siglo XIX, no hace tanto vaya, cuando definitivamente es anexionada a Francia.

Asentada sobre una colina, es una ciudadela de dimensiones bastante grandes, cuya construcción y gruesas paredes verticales, de piedra, bajan hasta el mar, o en su defecto, hasta un foso bastante profundo. El estado de conservación es relativamente bueno, pero no sé si por el musgo, la vegetación y el desgaste y color de la piedra de los muros, desde fuera puede dar la sensación de un poco de dejadez, ésa fue al menos mi impresión.

Entrada a la ciudadela del siglo XVI

Entrada a la ciudadela de Saint-Elme, del siglo XVI

Panorámica de Villferanche y su caserío desperdigado, desde la entrada a la ciudadela

Por dentro, diferentes estancias del fuerte se han reacondicionado, alguna de ellas convertida incluso en museo, por lo que entre sus estancias y paredes coloridas, es posible ver antiguos cañones bélicos y anclas marinas al lado de esculturas ciertamente modernas, curiosa combinación.

Cañón apuntando a la bahía de Villefranche

Cañón apuntando a la bahía de Villefranche

Interior de la ciudadela de Saint-Elme

Interior de la ciudadela de Saint-Elme

Escultura "El Hombre de Piedra"La dama ¿vergonzosa?

Diversas esculturas jalonan el recorrido interno por la ciudadela

Saliendo ya de la ciudadela, no es mala idea bajar de nuevo al puerto y caminar tranquilamente por el adoquinado paseo marítimo, e incluso tomarnos algo (si nuestra cartera lo permite, los precios son muy caros) en alguna de sus tranquilas terrazas y restaurantes, a modo de descanso.

Terrazas frente al puerto de Villefranche

Terrazas en la zona del puerto de Villefranche

Por último, recomendar la vista aérea de Villefranche que se obtiene desde el improvisado mirador la carretera dirección a Mónaco, tramo de asfalto que serpentea bajo la montaña, elevándose a bastante altura sobre la bahía. Si no me equivoco, se puede subir también a pie desde la última parte del paseo marítimo, frente a la larga y afilada playa de la localidad; en nuestro caso, al tener la excursión a Mónaco a continuación de esta visita, fuimos comodones y nos llevaron hasta este punto en autobús. Hay que parar malamente en el arcén de la carretera, por lo que ojo al bajar, el sitio no es muy apropiado, apenas hay arcén y un pequeño murete, y la carretera tiene bastante tráfico. Independientemente de cómo llegues a él, las vistas sobre la bahía y la pintoresca localidad asentada sobre la colina, al amparo de la montaña, son muy chulas, merece la pena.

Villefranche desde la carretera dirección a Mónaco

Villefranche desde la carretera dirección a Mónaco

Playa de Villefranche

Playa de Villefranche 

Tras este entretenido e intenso paseo de una mañana entera aproximadamente, me queda claro por qué muchos cruceros como Pullmantur han elegido esta localidad como una de sus escalas en la Costa Azul: es una localidad pintoresca y divertida, y está muy cerquita de Mónaco, una excursión lujuriosa y muy apetecible. ¿Qué opináis, creéis que ando desencaminado con mis teorías crucerianas o consideráis que Villafranche por sí sola bien merece una parada?

SaludoX!

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