Archivo de la etiqueta: Mediterráneo

Mejillones, ostras y dolce vita en la bahía de Alfacs

La grandeza del río Ebro no queda suficientemente reflejada en su humilde nacimiento en Fontibre (Cantabria) ni en su discurrir frente a la Pilarica de Zaragoza. Donde se ve y se siente verdaderamente la majestuosidad del río más caudaloso de la Península Ibérica es en su desembocadura, en el Delta del Ebro.

Allí, los sedimentos que ha ido arrastrando y depositando con suma delicadeza el río que da nombre a la península, han ido formando su propia “barra” frente al mar Mediterráneo. El entramado de canales, naturales y artificiales, donde el agua dulce juega con el agua salada, da lugar a un terreno muy fértil, lleno de biodiversidad. En el Parque Natural del Delta del Ebro, declarado en 2013 Reserva de Biosfera, emergen dos bahías naturales: la bahía del Fangar al norte y la bahía de Alfacs/Alfaques al sur. Hoy vamos a navegar por esta segunda bahía para visitar Musclarium, templo de ostras y mejillones en Sant Carles de la Ràpita, una antigua mejillonera reconvertida en icono turístico, gastronómico y económico de Terres de l’Ebre.

Bahía de Alfacs Sant Carles de la Ràpita
Una bahía “obra” del río Ebro

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Restaurante El Mirador: arroces con vistas al Mediterráneo en Alcossebre

No todos los restaurantes que frecuentamos y sobre los que escribimos aquí, tienen la suerte de tener comedores con espléndidas vistas. Y pocos de ellos tienen la inmejorable suerte de tener vistas al mar Mediterráneo.

Puedes suponer algo cuando el restaurante al que vas a ir a comer ese día, por accidente y tras no tener sitio en otros dos restaurantes de la zona que nos habían recomendado, se llama ‘El Mirador’, pero oye, nunca sabes. En este caso, podemos decir que el nombre del restaurante es bastante acertado. Y es que el restaurante El Mirador de Alcossebre se sitúa en el extremo sur de la playa La Romana, en la carretera que conecta las últimas urbanizaciones del municipio de Alcossebre (Alcoceber en castellano) con la vecina Torrenostra. ¿Te apetece comer un buen arroz, con vistas?

donde comer arroz Alcossebre
Los arroces, un plato clásico en la cocina de la Comunitat Valenciana

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Crucero por el Mediterráneo con niños: Documentación necesaria para menores de dos años

Al viajar con niños pequeños, si nadie te dice ni te avisa de nada especial, es probable que en alguno de tus viajes tengas alguna sorpresa. La anécdota, y esperamos que artículo con información práctica que escribimos hoy, está basada en una experiencia real vivida durante el año 2011, cuando Izaro realizó su primer gran viaje, ¡con apenas 3 meses!

Y para ser el primero, empezó fuerte, ya que fue un doble embarque: un embarque en vuelo Bilbao-Barcelona, y luego un nuevo embarque, esta vez en un enorme barco, para realizar un crucero por el Mediterráneo.

Crucero Mediterráneo con niños Pullmantur
Crucero por el Mediterráneo con niños

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Finca pública Es Galatzó, el refugio mallorquí de Don Victorio Luzuriaga

Don Victorio Luzuriaga. Nombre y apellido, que junto con el prefijo ‘Don’, suenan relevantes. Además, el apellido denota grandes posibilidades de ser de origen vasco, ¿verdad?

Así es, Javier Luzuriaga y su hijo Victorio Luzuriaga, fueron unos valientes emprendedores dentro del panorama industrial de finales del siglo XIX y gran parte del XX. Su buen hacer y esfuerzo, su visión oportunista del negocio, y la pizca de suerte de un boleto premiado de lotería de Navidad, hizo que esta familia acabara convirtiéndose durante la primera mitad del siglo XX en una de las familias de empresarios industriales más importantes de la época, con Victorio Luzuriaga a la cabeza de la saga. Sí, la familia era vasca, oriunda del noreste de Gipuzkoa, donde comenzaron sus actividades industriales: Tolosa, Donostia, Pasaia y otros municipios fueron industrialmente conquistados por los Luzuriaga, entre otros. Es más, en la isla de Mallorca era conocido como ‘El Vasco‘, y le llegaron a dedicar el nombre de una calle por todo lo que hizo por la isla. ¿Un importante empresario industrial vasco en Mallorca, a qué viene este comienzo tan rebuscado?

Vidriera con el nombre de Victorio Luzuriaga

Vidriera con el nombre de Victorio Luzuriaga

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Camí de Ronda de la Costa Dorada, senderismo entre acantilados y calas nudistas

Durante el TravelBloggersMeeting #TBMCatSur, tuvimos la oportunidad de realizar ciertas actividades de turismo activo en Tarragona. Yo en concreto tuve la ocasión de disfrutar -como un enano- con la actividad denominada ‘Camí de Ronda: senderismo entre acantilados y playas de la Costa Daurada’. Si tú, al igual que nosotros, desconocías por completo la oferta de rutas de senderismo en la Costa Dorada, te animamos a calzarte las botas de trekking para descubrir con nosotros el camino de ronda entre Tarragona (Playa Larga) y Altafulla (Castillo y playa de Tamarit). Terminantemente prohibido empezar a leer caminar en chancletas.

Cala Fonda ó Playa Waikiki en ruta senderismo Camí de Ronda Tarragona Tamarit
Cala Fonda ó Playa Waikiki, uno de los rincones secretos por los que discurre el Camí de Ronda

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Tossa de Mar: castillo de Vila Vella y villa romana dels Ametllers

Yo era de los que erróneamente asociaba el nombre de Tossa de Mar a turismo extranjero joven en busca de juerga salvaje y playa. Es lo que tiene estar cerca de la canibalizada Lloret de Mar, que gente desinformada como yo se deja llevar por las malas lenguas y las leyendas urbanas en torno al turismo en la Costa Brava. El remedio es bien sencillo: no hay nada como visitar Vila Vella (antiguo castillo) y la villa romana dels Ametllers para romper moldes y conocer el verdadero encanto de esta antigua villa de pescadores conocida con el nombre de Turissa en época romana. ¿Deseando saber qué ver y qué hacer en Tossa de Mar? ¡Vamos allá!

Qué ver en Tossa de Mar
Vistas sobre la Torre del Codolar y la localidad de Tossa de Mar

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Nadar entre atunes y conocer de cerca el atún rojo del Mediterráneo

‘Nadar entre atunes’ suena bastante light si lo comparamos con los aventureros claims que estamos acostumbrados a ver en sitios exóticos a los que viajan algunos: ‘nadar entre tiburones’, ‘bucear junto a la ballena jorobada’, etc. Suena light…hasta que te dicen que los atunes con los que vas a nadar pesan ¡más de 200 kilos!

En efecto, durante el pasado Travel Bloggers Meeting celebrado en Tarragona, gracias a Turisme Terres de l’Ebre, he tenido la magnífica oportunidad, que no olvidaré jamás, de nadar entre atunes, de ver y admirar estos animales de cerca, de aprender más sobre ellos.

La aventura comienza en el puerto de l’Atmella de Mar, una localidad tarraconense que conserva ese antigua sabor marinero pero que a su vez, está volcada con el turismo, tanto con el turismo de sol y playa como el turismo activo, el experiencial. Esta población costera es todavía a día de hoy la number one de Catalunya en cuanto a flota de atuneros, y es que la pesca del atún rojo del Mediterráneo ha ido siempre estrechamente ligada a la actividad y vida diaria d l’Atmella.

Nos subimos al moderno catamarán que el Grupo Balfegó tiene atracado en el puerto, que ejerce de medio de transporte hasta alta mar en la actividad Tuna Tour que aquí se detalla.

Catamarán de la empresa Balfegó que realiza el Tuna Tour

Catamarán de la empresa Tuna Tour

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Sidi Bou Said, festival blanquiazul en el Túnez más mediterráneo

Leído el título, más de uno habrá pensado que la Real Sociedad, los txuri-urdin, están de gira futbolística por el norte de África, y que encima están ganando partidos, y jugando bien. No, aunque es mi equipo de toda la vida, dudo mucho que les iría a ver hasta allí, a no ser que me pille de paso.

Lo de ‘festival blanquiazul’ viene porque Sidi Bou Said es el pueblo del blanco y del azul, del azul y del blanco, aunque de quedarme, me quedo con la primera opción, ya que tiene más autoridad el color blanco. Muchos pueblos pintorescos y con encanto tienen sus peculiaridades, algunas veces a nivel de arquitectura de las casas, escudos, calles empedradas…, y en este caso, lo característico de este pueblo son los colores de todos los edificios, que por misteriosa iniciativa, que luego se convirtió en ley obligatoria, del pintor y músico Barón d’Erlanger, fueron pintándose de estos dos colores a principios del siglo XX. Claro, con el pueblo así pintado, la ley o norma, para seguir con la estética,  dicta que todos los edificios de la localidad tienen que tener pintada la fachada completamente de blanco, y las puertas, ventanas, rejas y tejadillos, de color azul claro; ojo, del mismo tono de azul. ¿Quién dijo democracia cromática?

Esta característica especial ha convertido desde entonces a este pueblo, muy cercano a las ruinas de Cartago y a Túnez capital, en un enclave muy turístico, quizás demasiado, con prácticamente la totalidad de los negocios orientados a sacar los cuartos a los turistas, tanto los bares y restaurantes, como sobre todo, las tiendas de souvenirs, que las hay a cascoporro, para todos los gustos y colores. Alguno te vende hasta a su madre, y por supuesto, aquí también les gusta que regatees con los precios, forma parte del juego, aunque puede llegar un momento en el que si te pasas, se pueden ofender.

Souvenirs multicolor en Sidi Bou Said, en Túnez

Souvenirs multicolor en Sidi Bou Said, en Túnez

Las tiendas de souvenirs se suceden en Sidi Bou Said, en Túnez

Las tiendas de souvenirs se suceden en Sidi Bou Said, en Túnez

El crucero ‘Brisas del Mediterráneo’ de Pullmantur también toca tierras tunecinas, en concreto atraca en el puerto de La Goulette, y una de las excursiones posibles para ese día es una rápida visita a Sidi Bou Said. Nosotros lo visitamos por la tarde, y nos llevaron plácidamente en autobús hasta el punto donde comienza la empinada calle principal que remonta hasta la parte alta del pueblo. Tras informarme un poco, y para el que quiera realizar la excursión por su cuenta, comentar que hay tren desde La Goulette hasta el mismo Sidi Bou Said, es un tren de cercanías, barato, conocido como TGM.

Calle principal de subida a la parte vieja y alta de Sidi Bou Said

Calle principal de subida a la parte vieja y alta de Sidi Bou Said

El pueblo en sí no tiene grandes monumentos, tiene una mezquita y está la casa del barón de origen francés al que le dio el Siroco de pintar así las casas del pueblo. Por ello, la primera recomendación es callejear, y la segunda, seguir callejeando, perderse por callejuelas, cuestas, portales, arcos y terrazas de primer piso de tiendas de souvenirs. El festival blanquiazul en fachadas, puertas y ventanas, desde cualquier ángulo, no tiene fin.

Blanco, azul y ¡alfombras a la venta! en Sidi Bou Said

Blanco, azul y ¡alfombras a la venta! en Sidi Bou Said

Clásica estampa del ritmo de vida mediterráneo de Sidi Bou Said

Clásica estampa del ritmo de vida mediterráneo de Sidi Bou Said

Bancos azules y solitarios que invitan a sentarse en Sidi Bou Said

Bancos azules y solitarios que invitan a sentarse en Sidi Bou Said

Entre el blanco y el azul, tu mirada esquiva rostros de turistas a tutiplén, pero también de oriundos tunecinos, muy fotogénicos todos ellos, algunos parece que posan y todo, se ve que están acostumbrados al ajetreo de la marabunta turística.

Rostros curtidos al sol contrastan con las blancas paredes de Sidi Bou Said

Rostros curtidos al sol contrastan con las blancas paredes de Sidi Bou Said

Afecto y complicidad femenina en Sidi Bou Said, un momento que me sorprendió gratamente

Afecto y complicidad en Sidi Bou Said, momento que me sorprendió gratamente

Uno de los puntos típicos donde culminar la visita al pueblo, en plan relax, es en uno de los cafés que se sitúan sobre la balconada de casas blancas en el acantilado que cae hacia el Mediterráneo. Para ello, hay que subir hasta la parte alta del pueblo, 15-20 minutos por calles empedradas desde el punto de partida como mucho, y justo cuando ya se empieza a ver entre casas el color azul del mar Mediterráneo, hay que coger un calle que baja a mano derecha, también se puede bajar por unas escaleras. Allí, en seguida,  y debidamente indicado, daremos con uno de los cafés más famosos de la zona, el Café des Delices, un café que dispone de impolutas terrazas escalonadas donde relajarse tomando algo. No tuve la suerte de pagar la ronda en este sitio, pero estoy seguro que será un sitio caro si comparamos con el nivel medio de vida tunecino, es carne fresca para turistas, como yo, a veces. He de decir que el extraño café que me sacaron estaba malo a rabiar, muy fuerte y con mucho poso, no lo arregló  ni el exceso de azúcar. Eso sí, al César lo que es del César, porque tomarte algo, cómodamente sentado, al atardecer, y con semejantes vistas, difícil de pagar. Excelente sitio para conversar sobre viajes, donde además tuvimos la oportunidad de desvirtualizar y charlar con el gran viajero Juan Carlos Castresana, un placer. Daba la sensación de estar en Grecia o Ibiza, y mira que no he estado en ninguno de los dos sitios. Aunque es el café más conocido, estoy convencido de que en la zona hay más bares y terrazas, si no iguales, similares, y seguro que más económicos.

Entrada al famoso Café des Delices en Sidi Bou Said

Entrada al famoso Café des Delices en Sidi Bou Said

Terrazas 100% mediterráneas, idílicas, en Café des Delices, en Sidi Bou Said

Terrazas 100% mediterráneas, idílicas, en Café des Delices, en Sidi Bou Said

Si visitas Túnez, por primera vez, en plan turista, y quieres ver lo típico, Sidi Bou Said es una buena elección, y en 2-3 horas te has ventilado por completo esta bella localidad llena de contrastes, donde lo viejuno se mezcla con la luz del sol y de los colores. Eso sí, otra cosa es que te guste la fotografía y seas de los que te puedes pasar horas y horas retratando puertas y ventanas…, si ése es el caso, te costará escapar de uno de los mayores festivales de contrastes blanquiazules del mundo mundial. Estáis avisados…

Festival de puertas, cada cual más bonita, en Sidi Bou Said, Túnez

Festival de puertas, cada cual más bonita, en Sidi Bou Said, Túnez

Puertas azules resultonas, un clásico en Sidi Bou Said, Túnez

Puertas azules resultonas, un clásico en Sidi Bou Said, Túnez

Sidi Bou Said, un lugar que incita a la fotografía

Sidi Bou Said, un lugar que incita a la fotografía

Aunque ya lo era, tras visitar Sidi Bou Said, me queda claro que yo seré blanquiazul, txuri-urdin, forever and ever ¿y vosotros, os ha gustado el contraste de luz y colores de este pintoresco pueblo? Por cierto, ¿dónde decís que vivían los Pitufos? 😉

Información práctica:


Ver El Txoko de Lonifasiko – Sidi Bou Said en un mapa más grande

SaludoX!

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Un día en la isla de Capri: descubriendo su glamour en clave lowcost

“Definición de Capri: dícese de la bella isla italiana, situada en el Golfo de Nápoles, de donde proviene la ensalada caprese, los pantalones ‘pirata’, hoy en día un destino vacacional de ensueño, relacionado con el lujo y el glamour de la jet-set que la visita”. No es una definición de la RAE, es una definición que me la acabo de sacar de la chistera yo mismo, pero que a buen seguro, es similar a la que ha recorrido vuestros pensamientos nada más leer la palabra ‘Capri’. ¿Correcto?

Capri suele ser parada habitual de muchos cruceros que navegan por el Mediterráneo y por el Mar Tirreno, que es realmente el nombre del mar que baña estas costas. También es destino vacacional de gente italiana pudiente, y de la jet-set internacional, pero sin duda, el grueso de visitas que recibe esta famosa isla italiana proviene en su mayoría de la típica excursión de un día a la isla de Capri que se puede realizar desde muchos puntos de la Costa Amalfitana. Ah, pero ¿se puede visitar Capri en un día?  Yes of course!

Isla de Capri desde Positano fotos
Silueta caliza de la isla de Capri

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Villefranche-sur-Mer, una joya al Este de la Costa Azul

En uno de los últimos recodos de la accidentada Costa Azul francesa, al amparo de las glamourosas Niza y Mónaco, encontramos una pequeña y pintoresca localidad que tiene una gran peculiaridad: su puerto es el primero en Francia en cuanto a tránsito de cruceros de recreo, ahí es nada, lo que se traduce en mucho turismo. Nunca lo hubiera dicho, me imaginaba que los cruceros, requerirían de una infraestructura de puerto considerable, y claro, viendo el pueblo y puerto de Villefranche encajonados en una pequeña bahía, no lo veía muy factible. No, hasta que comprendí la maniobra de aproximación del barco, que se detenía lentamente y echaba el ancla en la propia bahía, sin llegar al diminuto puerto. Aaaamigo, así sí. Parece que esta bahía reúne las condiciones ideales para el fondeo de semejantes bestias navales, y luego, si te apetece, te transportan al puerto de Villefranche en barcos nodriza más pequeños, para que pases el día por allí a tu aire o realices alguna de las excursiones disponibles, por ejemplo, la visita a Mónaco, muy recomendable.

Por todo ello, esta localidad es turísticamente muy conocida, siendo una de las paradas típicas en cualquier crucero por el Mediterráneo, también en el caso del crucero “Brisas del Mediterráneo” de la compañía Pullmantur, que fue el que nosotros hicimos, a bordo del mega buque Sovereign, ¡menudo monstruo!

El buque Sovereign desde la distancia

El buque Sovereign desde el barco nodriza

El auténtico 'Lobo de Mar', avistado en Villefranche-sur-Mer

Uno de los tripulantes del barco nodriza, un auténtico “lobo de mar”

El barco nodriza, con bastante capacidad, estable, y apto para sillas de ruedas y cochecitos de bebé (fuimos en este plan, Izaro tenía 3 meses), te deja en menos de 10 minutos en la pequeña terminal marítima del puerto de la localidad. Según sales de la terminal, a mano derecha y antes de entrar en el puerto y paseo marítimo, nos damos de bruces ya con la pintoresca capilla de San Pedro.

Chapelle Saint-Pierre en la zona del puerto

Capilla de San Pedro ó Chapelle Saint-Pierre, en el mismo puerto de la localidad

A partir de aquí, una sola recomendación para descubrir la localidad: subir de frente por alguna de las estrechas callejuelas y escaleras que suben hacia el casco histórico y…¡perderse, literalmente! No hay otra fórmula mejor para explorar esta localidad, una guía de turismo poco tiene que hacer en este caso, ga-ran-ti-za-do. Nosotros empezamos a caminar en grupo, pero acabamos como el rosario de la Aurora, completamente desperdigados, cada uno sacando fotos en diferentes puntos del casco antiguo; divertido, sólo sabíamos que a cierta hora había que estar de vuelta en la terminal marítima, y para llegar allí, es tan fácil como bajar hacia el puerto, el asunto no tenía pérdida.

Una vez te adentras en el casco histórico, a través de sus estrechas calles de accesibilidad cero, sólo queda disfrutar de los mil y un detalles que irán procesando tus  retinas, siempre fusionando múltiples colores de fachadas y vegetación, con ese ambiente bohemio y a veces “viejuno” tan propio de los cascos históricos. Os puedo asegurar que la combinación funciona, y si además, añades a la visita un poco de día gris y sirimiri, el cóctel es explosivo no, lo siguiente.

Puertas y ventanas coloridas en el casco histórico de Villefranche

Puertas y ventanas coloridas en el casco histórico de Villefranche

Gotas de lluvia en macetas del casco histórico de Villefranche

Gotas de lluvia en macetas del casco histórico de Villefranche

Como monumento destacado y referente de la parte antigua, cabe mencionar la iglesia de San Miguel, construida inicialmente en el siglo XV, y de influencia italiana. El interior no llamó mucho mi atención, y destacan a los ojos del viajero, su espigada y colorida torre y su gran reloj.

Torre y reloj de la Iglesia de San Miguel (Église Saint-Michel)

Torre y reloj de la Iglesia de San Miguel (Église Saint-Michel)

De todas formas, como comentaba, yo me sigo quedando con los detalles pintorescos y fotogénicos, de vida cotidiana algunos, de la parte antigua, para empezar a hacer fotos y no parar…

Detalle ornamental en la parte antigua de Villefranche

Fuentes que ¿florecen?

Flores y plantas en las calles de Villefranche

Flores y plantas en las calles de Villefranche

Viejos ventanales y vida cotidiana en Villefranche

Calles de contrastes: viejos ventanales y pinzas modernas

Calles empinadas, nada accesibles, del casco histórico de Villefranche

Calles empinadas, nada accesibles, del casco histórico de Villefranche

Todavía con el dedo pegado al botón de disparo de la cámara, por si algún inesperado detalle hace acto de presencia, salimos del casco histórico, con la mirada puesta ya en otro sitio con no menos historia: la ciudadela de Saint-Elme. Construida en el siglo XVI, y situada en un punto ligeramente elevado cerca de la actual terminal marítima, esta fortaleza ejerce de testigo mudo del turbulento pasado de ocupaciones y batallas vividos por la villa. Y es que Villefranche, pasó gran parte de su historia a caballo entre diferentes condados y ducados, siendo a finales del siglo XIX, no hace tanto vaya, cuando definitivamente es anexionada a Francia.

Asentada sobre una colina, es una ciudadela de dimensiones bastante grandes, cuya construcción y gruesas paredes verticales, de piedra, bajan hasta el mar, o en su defecto, hasta un foso bastante profundo. El estado de conservación es relativamente bueno, pero no sé si por el musgo, la vegetación y el desgaste y color de la piedra de los muros, desde fuera puede dar la sensación de un poco de dejadez, ésa fue al menos mi impresión.

Entrada a la ciudadela del siglo XVI

Entrada a la ciudadela de Saint-Elme, del siglo XVI

Panorámica de Villferanche y su caserío desperdigado, desde la entrada a la ciudadela

Por dentro, diferentes estancias del fuerte se han reacondicionado, alguna de ellas convertida incluso en museo, por lo que entre sus estancias y paredes coloridas, es posible ver antiguos cañones bélicos y anclas marinas al lado de esculturas ciertamente modernas, curiosa combinación.

Cañón apuntando a la bahía de Villefranche

Cañón apuntando a la bahía de Villefranche

Interior de la ciudadela de Saint-Elme

Interior de la ciudadela de Saint-Elme

Escultura "El Hombre de Piedra"La dama ¿vergonzosa?

Diversas esculturas jalonan el recorrido interno por la ciudadela

Saliendo ya de la ciudadela, no es mala idea bajar de nuevo al puerto y caminar tranquilamente por el adoquinado paseo marítimo, e incluso tomarnos algo (si nuestra cartera lo permite, los precios son muy caros) en alguna de sus tranquilas terrazas y restaurantes, a modo de descanso.

Terrazas frente al puerto de Villefranche

Terrazas en la zona del puerto de Villefranche

Por último, recomendar la vista aérea de Villefranche que se obtiene desde el improvisado mirador la carretera dirección a Mónaco, tramo de asfalto que serpentea bajo la montaña, elevándose a bastante altura sobre la bahía. Si no me equivoco, se puede subir también a pie desde la última parte del paseo marítimo, frente a la larga y afilada playa de la localidad; en nuestro caso, al tener la excursión a Mónaco a continuación de esta visita, fuimos comodones y nos llevaron hasta este punto en autobús. Hay que parar malamente en el arcén de la carretera, por lo que ojo al bajar, el sitio no es muy apropiado, apenas hay arcén y un pequeño murete, y la carretera tiene bastante tráfico. Independientemente de cómo llegues a él, las vistas sobre la bahía y la pintoresca localidad asentada sobre la colina, al amparo de la montaña, son muy chulas, merece la pena.

Villefranche desde la carretera dirección a Mónaco

Villefranche desde la carretera dirección a Mónaco

Playa de Villefranche

Playa de Villefranche 

Tras este entretenido e intenso paseo de una mañana entera aproximadamente, me queda claro por qué muchos cruceros como Pullmantur han elegido esta localidad como una de sus escalas en la Costa Azul: es una localidad pintoresca y divertida, y está muy cerquita de Mónaco, una excursión lujuriosa y muy apetecible. ¿Qué opináis, creéis que ando desencaminado con mis teorías crucerianas o consideráis que Villafranche por sí sola bien merece una parada?

SaludoX!

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