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Ruta de pinchos y tapas por Haro: Imprescindibles de la localidad jarrera

Solemos bromear diciendo que La Rioja es la única comunidad autónoma de España que tiene dos capitales: Una, la administrativa, Logroño; y otra, la verdadera capital, la que tiene alma. Sí, en el segundo caso hablamos de Haro, indiscutible Capital de la del Rioja. El enoturismo está de moda, y como no podía ser de otra manera, la localidad jarrera (gentilicio popular utilizado en vez del formal “harense”), con su tradición y buen hacer en el mundo del vino, no se queda a la zaga.

Pero, ¿alguien entiende el vino sin gastronomía, o la gastronomía sin vino? Forman una pareja enogastronómica sólida e inquebrantable. Tienen sus momentos de tensión y enfados, como todas las parejas, pero están condenados a entenderse, sea en la cama o sobre la mesa. Por los siglos de los siglos, las bodegas que pueblan el clásico barrio de la Estación de Haro, cuna de bodegas centenarias, piden a gritos que los establecimientos de la localidad mariden los buenos vinos con buena gastronomía. Así, con la premisa de picar y comer en plan informal y sin exigir alardes de creatividad culinaria, os proponemos una ruta de pinchos y tapas por Haro, con especial atención a la zona de tapeo de La Herradura. ¿Te vamos sacando un vinito? 

Haro capital del Rioja
Capital del Rioja y casi capital de La Rioja 😉

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Restaurante Casa Padrino, genial bautizo gastronómico en la Sierra de Aracena

Si visitas una zona por primera vez y no tienes ni idea sobre dónde ir a comer, lo mejor es que te dejes guiar. Si este guiado te lo puede hacer un ‘local’, una persona de la zona, con claro conocimiento de causa, mejor que mejor. Y estando en la provincia de Huelva, buscando restaurantes para comer en la Sierra de Aracena, qué mejor que dejarnos aconsejar por un experto en la zona como Antonio Ruiz, del blog Naturaleza y Viajes.

Antonio sabe que nos gusta comer bien. Como él dice, somos de ‘pico fino’ :D. Entre los pueblos de la Sierra de Huelva que nos recomendó visitar estaba Alájar, y si nos quedaba de paso, nos recomendó bautizarnos comer en el restaurante Casa Padrino. Vístete para la ocasión, un vistazo rápido al espejo y corre, ¡hoy nos vamos de bautizo!

Dónde comer setas en la Sierra de Aracena
Bodegón tradicional de pueblo

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Restaurante Urgain, gastronomía de referencia en la costa de Debabarrena

A pesar de ser uno de los referentes de la buena mesa en la comarca de Debabarrena, no habíamos ido, juntos, a comer allí. Y no era por falta de ganas, porque todo el mundo nos hablaba maravillas del Restaurante Urgain de Deba, especialmente de lo bien que preparan los pescados y mariscos.

De normal, al trabajar con un producto de máxima calidad, es un restaurante cuya carta tiene un precio medio bastante elevado, pero surgió la oportunidad de disfrutar de una gastroexperiencia a través de unos cupones de descuento, y esta vez, no nos lo pensamos dos veces. Nos vamos a Deba, ¡a comer al ‘mítico’ Urgain!

Vista exterior y entrada al Restaurante Urgain

Vista exterior y entrada al Restaurante Urgain

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Gastroexperiencia homenaje al lechazo en el Restaurante Asador Tudanca, en Aranda de Duero

Muchas veces asociamos inevitablemente hoteles y restaurantes de carretera con sitios  mediocres de paso, que ojo, hacen su servicio, ya sea darte cobijo en esa noche que te ha pillado conduciendo en medio de la nada, o darte energía gracias a un menú hipercalórico que te sirven en un pim-pam-pum, más rápido que en un restaurante chino.

Sí, también los hay que más allá de la mediocridad, rozan el adjetivo de sitio ‘de mala muerte’, sin embargo, no todo es tan negro y negativo, hay que romper una lanza, muy larga, en favor de los sitios de carretera en los que se come de cine, que los hay, y muchos. ¿Quién no ha oído aquello de “Si ves muchos camiones parados en un restaurante de carretera, buena señal, probablemente se comerá bien y barato”? Tampoco es el caso del que os voy a hablar, pero era por poner un ejemplo y desmitificar esa mediocridad, y en algunos casos incluso suciedad y malas formas que a veces inconscientemente asociamos a esos txokos situados al borde de las carreteras.

Irún-Madrid, Madrid-Irún. Ése es el recorrido de la carretera nacional por excelencia, de nuestra querida N-1 ó N-I, que como bien sabéis, pasa por localidades como Vitoria, Burgos, Lerma y Aranda de Duero, entre otras. Es precisamente al lado de esta carretera y de este último pueblo donde se sitúa el rincón foodie que paso ahora a describiros, ¿os hace? Seguir leyendo

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Gastroexperiencia casera y natural en el Santuario del Moncayo

Quien dice ‘Tarazona‘, dice ‘Moncayo‘; quien dice ‘Moncayo’, dice ‘Santuario de la Virgen del  Moncayo’; y quién dice ‘querer comer bien cerca del Santuario de la Virgen del Moncayo’, dice ‘Restaurante Santuario del Moncayo’. La historia y la cadena es así de simple, aquí no hay ni trampa ni cartón.

Estamos en un restaurante que se sitúa junto al Santuario del Moncayo, concretamente en una explanada que suele ser el punto de partida más típico para el ascenso al pico más alto del Sistema Ibérico. Estamos hablando de un punto situado a más 1600 metros de altitud, en pleno Parque Natural de la Dehesa del Moncayo, un sitio al que la carretera, pista en su tramo final, llega a duras penas tras una continua y divertida subida, primero entre frondosos bosques, que en otoño lucen en todo su esplendor…

Otoño en la carretera de subida al Restaurante Santuario del Moncayo

Otoño en la carretera de subida al Restaurante Santuario del Moncayo

…y por último a media ladera entre pedregales y morrenas de antiguos glaciares, cada vez con menos vegetación, y sin asfalto de por medio, conduciendo por una pista de arena, tierra y piedras, en no muy buen estado.

Última parte de la pista de acceso al Restaurante Santuario del Moncayo

Última parte de la pista de acceso al Restaurante Santuario del Moncayo

En realidad el restaurante es parte de un gran edificio de piedra situado sobre una explanada, al amparo de grandes rocas graníticas, y está pegado al propio Santuario del Moncayo, un pequeño templo dedicado a la Virgen del Moncayo, que no siempre está abierto.

Explanada donde se sitúa el Santuario del Moncayo, el albergue y el restaurante

Explanada donde se sitúa el Santuario del Moncayo, el albergue y el restaurante

Este sencillo edificio, aparte de albergar el restaurante, acoge también un pequeño bar, y un albergue con capacidad para 45 plazas. Hace muchos años, cuando el menda andaba mucho en el monte, creo recordar que tenía carácter de refugio de montaña, ya que eran bastantes los montañeros que pernoctaban aquí para realizar diversas excursiones, especialmente la mencionada subida al pico del Moncayo. Si no me equivoco, ahora el refugio se ha reconvertido en albergue, algo ligeramente más confortable que permite que particulares y grupos de escolares visiten el parque y realicen senderismo, actividades de recolecta de setas, etc. Me atrevo a decir que el equipo humano que gestiona todo el complejo es el mismo.

Entrada al bar y restaurante Santuario del Moncayo

Entrada al bar y restaurante Santuario del Moncayo

La entrada al restaurante se realiza tras subir unas pocas escaleras y entrar por una vieja puerta que te planta en un estrecho bar, con varias mesas y una pequeña barra; el sitio es bastante viejuno, pero cálido para la rasca que suele hacer normalmente fuera, y si no me equivoco, sirven bocadillos. Si cruzamos el bar, a través de otra puerta con cristalera de las de antes, accedemos al comedor del restaurante, un espacio bastante amplio donde caben numerosas mesas, con un magnífico fuego bajo al fondo que le da al espacio más  autenticidad, calidez y carácter de montaña.

Interior del restaurante Santuario del Moncayo

Interior del restaurante Santuario del Moncayo

Como se puede apreciar, el comedor es muy sencillo, mobiliario y paredes interiores de madera, cortinas viejunas, y mantel de cuadros sobre el que ponen un mantel de papel, muy tradicional, rezuma el aire a sitio de montaña. Y es que a ver, estamos donde estamos y a la altura que estamos, sabemos dónde hemos venido, por lo que no podemos pedirle peras al olmo, pero…¿podemos pedirle a la Virgen del Moncayo, que se reencarne y entre en la cocina de este restaurante para regalarnos una buena gastroexperiencia? ¡Veamos!

Tras tomar asiento y acomodar a la peque en una trona (gran detalle), preguntamos por el menú, ya sea del día o especial, de fin de semana, y nos comentan que no hay ningún tipo de menú, que funcionan sólo con carta, disponible en Internet por cierto. Es la misma carta que se puede ver en la entrada del restaurante, una carta bastante completa cuya lectura y análisis nos sorprende, en la que destaca el toque casero de su cocina, situada junto al comedor, donde intentan explotar con mucho mimo los productos de temporada, ya sean las verduras, la caza, las setas…lo que toque en la época en la que vayas. Dada la localización, podemos esperar una carta de cocina tradicional, mucho más orientada a los platos de carne, y con 3-4 opciones en cuanto a pescado, es normal por estos lares. La carta de vinos es más amplia de lo esperado, y destacan los vinos de la zona, que se agrupan bajo la D.O. Campo de Borja.

Al pedir tuvimos alguna que otra duda en cuanto al contenido e ingredientes de los platos y la forma en la que estarían cocinados, pero una joven y simpática camarera nos despejó las dudas con total sinceridad y conocimiento de causa, en un periquete, así da gusto.

Era finales de Octubre del 2012, y como primeros platos, nos decantamos por una menestra de verduras salteadas con jamón, muy casera, y unas migas de pastor, decoradas con uvas, un plato por el que tengo especial debilidad desde hace poco, sobre todo en este tipo de sitios de montaña, rurales; es un plato que asocio con este tipo de entorno, y que me encanta probar en diferentes sitios para poder comparar. Cantidades más que correctas, y sabor delicioso, con una menestra bien cargada de ingredientes y condimentos, y unas migas con mucho sabor, sueltas, nada pesadas, donde se pone de manifiesto el cariño con el que las han preparado.

Menestra de verduras salteadas con jamón en Restaurante Santuario del Moncayo

Menestra de verduras salteadas con jamón en Restaurante Santuario del Moncayo

Migas de pastor con uvas en Restaurante Santuario del Moncayo

Migas de pastor con uvas en Restaurante Santuario del Moncayo

De segundo plato, el comodín de los pescados aparece en escena, en forma de una hermosa tajada de salmón a la plancha, acompañada de patatas fritas, y limón. Es un plato sencillo de cocinar y presentar, no hay que romperse la cabeza, lo importante es que el salmón esté sabroso, y os podemos asegurar que lo estaba.

Salmón a la plancha en Restaurante Santuario del Moncayo

Salmón a la plancha en Restaurante Santuario del Moncayo

La otra opción de segundo plato es con lo que más dudas tuvimos al principio, y desde aquí doy gracias a la camarera por haberme aconsejado personalmente que probara este plato. ‘Perdiz a la vinagreta con setas del Moncayo’, ésa fue la elección del producto de temporada, caza. He de admitir que no soy muy fan de comer ‘pajaritos’, pero admito que este plato puede que haya cambiado mi forma de pensar como foodie. El plato se presenta con una perdiz muy generosa dispuesta en horizontal, acompañada de una sugerente salsa que mezcla la vinagreta con un guiso de zanahorias y setas del Moncayo, de diferentes especies. La perdiz está muy-muy tierna, y se aprovecha prácticamente todo exceptuando los huesitos, como si fuera un pollo pequeño. El condimento de la salsa le da un toque casero excepcional, consigue que untes una y otra vez con pan, y las setas, con algún trozo de boletus inside, dan el toque final de temporada, una combinación sabrosa que significa éxito y conquista gastronómica, al menos en lo que se refiere a mi paladar, delicioso plato.

Perdiz a la vinagreta con setas del Moncayo en Restaurante Santuario del Moncayo

Perdiz a la vinagreta con setas del Moncayo

Insisto en la generosidad del plato de la perdiz, que con la salsa, llena bastante, por lo que optamos por hacer caso omiso de los tentadores postres, caseros muchos de ellos; para la próxima, espero.

Pedimos directamente un café, calentito y bien rico, y pagamos a tocateja, a gusto, ‘la Dolorosa‘, porque la gastroexperiencia, ha merecido la pena. Es importante saber que sólo se puede pagar en metálico, nada de tarjetas, y que la comida, con los dos entrantes y segundos platos descritos, con café, fue un poco más allá de los 50 euros, sin vino. No es barato, pero tampoco es muy caro sabiendo que comes a la carta (no hay menú), que disfrutas de comida tradicional hecha con mucho mimo, y que como digo, estás dónde estás, en un enclave natural privilegiado, que exige de habilidades logísticas y gastronómicas extra, más allá de las normales.

Como habéis visto, el sitio es muy modesto y sencillo, ése no es, ni debería ser, su punto fuerte, por lo que se dedican a cuidar y deleitar los estómagos de los comensales que les visitan con buenas dosis de cocina y platos caseros, donde destacan los productos de temporada.

El único pero que saco a la gastroexperiencia es el acceso al restaurante, que en su último kilómetro es complicado, ya que la pista recorre a media ladera un zona bastante estrecha y expuesta, con numerosos baches y piedras en el piso, en la que no me quiero imaginar lo que tiene que significar cruzarse con otro coche. Nosotros fuimos en una época en la que no había prácticamente nadie y no tuvimos ningún problema, es cuestión de ir un poco más despacio, pero en época de afluencia masiva de vehículo, ojito con este tramo.

Tramo complicado de la última parte del acceso al Restaurante Santuario del Moncayo

Tramo complicado de la última parte del acceso al Restaurante Santuario del Moncayo

Por ello, para quien guste de andar y de darse un pequeño paseo, tanto para hacer hambre como para bajar la comida, y siempre que el tiempo lo permita, le recomiendo totalmente aparcar el coche en la explanada desde la que parte el último tramo de subida al santuario y restaurante; es una zona bastante amplia donde muere la pista original y donde hay sitio de sobra para aparcar, habilitado con maderos en el suelo. Desde allí, caminando sera cuestión de 15-20 minutos recorrer ese último tramo, no es demasiada subida. Si desde luego eres de los que cuida el coche con mimo, cuidado con meter el coche por el último tramo de la pista, y si lo metes, vete alerta al volante.

A ver, la parte buena de esto está en que estamos en un parque natural y no habilitar adecuadamente este último tramo permite un acceso más controlado de coches hasta el santuario, menos polución y más preservación del entorno natural, que no olvidemos es una maravilla, y que desde el mirador de la explanada, permite disfrutar de unas vistas espectaculares sobre el valle.

Vistas del valle y del Parque Natural del Moncayo desde el mirador de la explanada

Vistas del valle y del Parque Natural del Moncayo desde el mirador de la explanada

Sin embargo, sin conocer su opinión, me atrevo a decir que el estado de la pista en este último tramo no le otorga ningún beneficio, ni le hace ninguna gracia al restaurante y albergue, ya que puede hacer que los visitantes y comensales se asusten y se den media vuelta, literal. Yo he subido con el coche, en época de poca afluencia, y no es para tanto, pero podría entender que cierta gente, por condiciones climatológicas, porque no le apetece meter el coche por ahí, ir caminando, no puede o porque simplemente no le da la gana, decida darse la vuelta, y esto es un problema para la subsistencia del restaurante. Yo no digo que echen asfalto, pero que por lo menos pongan ese último tramo de la pista en condiciones, al menos como el resto de la subida, que discurre en gran parte por una pista de tierra, pero que está bastante decente, ahí dejo el guante, espero que alguien lo recoja.

Valoración @Lonifasiko: 4/5

Información práctica:


Ver El Txoko de Lonifasiko – Restaurante Santuario del Moncayo en un mapa más grande

On egin!

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