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Cabo Home, el litoral con mayor concentración de faros del mundo

Sin ser un trozo de costa tan accidentado como la vecina Costa da Morte, la franja costera que rodea la Península del Morrazo, en la Rias Baixas gallegas, también tiene su miga en cuanto a accidentes geográficos. Así, con el permiso de moles de granito que afloraron hace millones de años, cabos, acantilados, ensenadas, calas, puntas e islas se suceden en un pequeño territorio marino-terrestre de gran valor paisajístico y medioambiental.

En esta península que separa las rías de Pontevedra y de Vigo destacan sobremanera dos cabos: Cabo Udra, en las inmediaciones de Bueu, apuntando a la isla de Ons; y Cabo Home, recomendación de nuestra amiga Alba (¡gracias!), que mira de tú a tú a las famosas Islas Cíes. Hoy os vamos a hablar sobre qué ver y qué hacer en Cabo Home.

Faro Punta Robaleira
Faro de Punta Robaleira, uno de los tres faros de Cabo Home

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Visita al emblemático barrio marinero de Cimavilla, casco histórico de Gijón

Gijón tuvo pasado romano, y así lo atestiguan algunos vestigios de los que hablaremos a continuación. Sin embargo, y aunque parezca mentira, a día de hoy nadie sabe ni se ha podido demostrar cómo se llamó el asentamiento romano que se estableció en esta parte de Asturias allá por el siglo I d.C.

Este asentamento se estableció principalmente en la península de Santa Catalina, un accidente geográfico que a día de hoy divide la Playa de San Lorenzo con el puerto deportivo y la parte más industrial, zona de astilleros, de Xixón. Es un trozo de tierra que protegido por acantilados, se adentra desafiante hacia el mar Cantábrico.

Cimavilla Gijón fotos
Acantilados desde la punta de la península de Santa Catalina

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Camí de Ronda de la Costa Dorada, senderismo entre acantilados y calas nudistas

Durante el TravelBloggersMeeting #TBMCatSur, tuvimos la oportunidad de realizar ciertas actividades de turismo activo en Tarragona; yo en concreto tuve la ocasión de disfrutar como un enano con la actividad denominada ‘Camí de Ronda: senderismo entre acantilados y playas de la Costa Daurada’. He de admitir que desconocía por completo la oferta de rutas de senderismo en la Costa Dorada, de ahí que me apuntara, para indagar y tomar apuntes para el futuro. Hay que atreverse y conocer destinos de forma diferente, probar cosas nuevas… ¿No? Venga, cálzate las botas de trekking o tu calzado deportivo favorito y vente con nosotros a explorar el camino de ronda entre Tarragona (Playa Larga) y Altafulla (Castillo y playa de Tamarit). Terminantemente prohibido empezar a leer caminar en chancletas.

Cala Fonda ó Playa Waikiki en ruta senderismo Camí de Ronda Tarragona Tamarit
Cala Fonda ó Playa Waikiki, uno de los rincones secretos por los que discurre el Camí de Ronda

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Nadar entre atunes y conocer de cerca el atún rojo del Mediterráneo

‘Nadar entre atunes’ suena bastante light si lo comparamos con los aventureros claims que estamos acostumbrados a ver en sitios exóticos a los que viajan algunos: ‘nadar entre tiburones’, ‘bucear junto a la ballena jorobada’, etc. Suena light…hasta que te dicen que los atunes con los que vas a nadar pesan ¡más de 200 kilos!

En efecto, durante el pasado Travel Bloggers Meeting celebrado en Tarragona, gracias a Turisme Terres de l’Ebre, he tenido la magnífica oportunidad, que no olvidaré jamás, de nadar entre atunes, de ver y admirar estos animales de cerca, de aprender más sobre ellos.

La aventura comienza en el puerto de l’Atmella de Mar, una localidad tarraconense que conserva ese antigua sabor marinero pero que a su vez, está volcada con el turismo, tanto con el turismo de sol y playa como el turismo activo, el experiencial. Esta población costera es todavía a día de hoy la number one de Catalunya en cuanto a flota de atuneros, y es que la pesca del atún rojo del Mediterráneo ha ido siempre estrechamente ligada a la actividad y vida diaria d l’Atmella.

Nos subimos al moderno catamarán que el Grupo Balfegó tiene atracado en el puerto, que ejerce de medio de transporte hasta alta mar en la actividad Tuna Tour que aquí se detalla.

Catamarán de la empresa Balfegó que realiza el Tuna Tour

Catamarán de la empresa Tuna Tour

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Ston, ostras y salinas al amparo de la muralla china europea

Circulábamos en nuestro coche de alquiler por la costa dálmata, camino hacia Cavtat, el que iba a ser nuestro alojamiento y punto de partida para visitar la perla del Adriático, Dubrovnik. Habíamos pasado ya la franja de suelo bosnio que hay que atravesar, poco más de 20 kilómetros de salida al mar que se le ‘concedieron’ a este territorio tras las Guerra de los Balcanes. Aunque por aquel entonces, 2009, debía ser bastante típico que te pararan y te hicieran abrir el maletero en la frontera, a nosotros ni tan siquiera nos pararon, ni al entrar en Bosnia Herzegovina, ni al salir y volver a entrar en Croacia. Es más, creo recordar que los policías ni se dignaron a salir de sus casetas aquel caluroso día de mitad de Agosto, yo tampoco lo hubiera hecho.

Íbamos con tiempo, disfrutando de la conducción por la serpenteante carretera de la costa dálmata, y en una de éstas, a mano derecha vimos un cartel que anunciaba el nombre de Ston y Korčula. Habíamos leído algo en una guía acerca de Ston y su muralla, y Korčula era una isla de la que había oído hablar muy bien pero que no íbamos a tener tiempo de visitar; pero Ston era tentador, estaba cerca en el mapa, por ello, por instinto viajero natural y toma de decisiones en tiempo real, dando un volantazo, controlado, hacia la derecha, nos adentramos en el tramo inicial de la conocida como península de Pelješac. Seguir leyendo

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Sidi Bou Said, festival blanquiazul en el Túnez más mediterráneo

Leído el título, más de uno habrá pensado que la Real Sociedad, los txuri-urdin, están de gira futbolística por el norte de África, y que encima están ganando partidos, y jugando bien. No, aunque es mi equipo de toda la vida, dudo mucho que les iría a ver hasta allí, a no ser que me pille de paso.

Lo de ‘festival blanquiazul’ viene porque Sidi Bou Said es el pueblo del blanco y del azul, del azul y del blanco, aunque de quedarme, me quedo con la primera opción, ya que tiene más autoridad el color blanco. Muchos pueblos pintorescos y con encanto tienen sus peculiaridades, algunas veces a nivel de arquitectura de las casas, escudos, calles empedradas…, y en este caso, lo característico de este pueblo son los colores de todos los edificios, que por misteriosa iniciativa, que luego se convirtió en ley obligatoria, del pintor y músico Barón d’Erlanger, fueron pintándose de estos dos colores a principios del siglo XX. Claro, con el pueblo así pintado, la ley o norma, para seguir con la estética,  dicta que todos los edificios de la localidad tienen que tener pintada la fachada completamente de blanco, y las puertas, ventanas, rejas y tejadillos, de color azul claro; ojo, del mismo tono de azul. ¿Quién dijo democracia cromática?

Esta característica especial ha convertido desde entonces a este pueblo, muy cercano a las ruinas de Cartago y a Túnez capital, en un enclave muy turístico, quizás demasiado, con prácticamente la totalidad de los negocios orientados a sacar los cuartos a los turistas, tanto los bares y restaurantes, como sobre todo, las tiendas de souvenirs, que las hay a cascoporro, para todos los gustos y colores. Alguno te vende hasta a su madre, y por supuesto, aquí también les gusta que regatees con los precios, forma parte del juego, aunque puede llegar un momento en el que si te pasas, se pueden ofender.

Souvenirs multicolor en Sidi Bou Said, en Túnez

Souvenirs multicolor en Sidi Bou Said, en Túnez

Las tiendas de souvenirs se suceden en Sidi Bou Said, en Túnez

Las tiendas de souvenirs se suceden en Sidi Bou Said, en Túnez

El crucero ‘Brisas del Mediterráneo’ de Pullmantur también toca tierras tunecinas, en concreto atraca en el puerto de La Goulette, y una de las excursiones posibles para ese día es una rápida visita a Sidi Bou Said. Nosotros lo visitamos por la tarde, y nos llevaron plácidamente en autobús hasta el punto donde comienza la empinada calle principal que remonta hasta la parte alta del pueblo. Tras informarme un poco, y para el que quiera realizar la excursión por su cuenta, comentar que hay tren desde La Goulette hasta el mismo Sidi Bou Said, es un tren de cercanías, barato, conocido como TGM.

Calle principal de subida a la parte vieja y alta de Sidi Bou Said

Calle principal de subida a la parte vieja y alta de Sidi Bou Said

El pueblo en sí no tiene grandes monumentos, tiene una mezquita y está la casa del barón de origen francés al que le dio el Siroco de pintar así las casas del pueblo. Por ello, la primera recomendación es callejear, y la segunda, seguir callejeando, perderse por callejuelas, cuestas, portales, arcos y terrazas de primer piso de tiendas de souvenirs. El festival blanquiazul en fachadas, puertas y ventanas, desde cualquier ángulo, no tiene fin.

Blanco, azul y ¡alfombras a la venta! en Sidi Bou Said

Blanco, azul y ¡alfombras a la venta! en Sidi Bou Said

Clásica estampa del ritmo de vida mediterráneo de Sidi Bou Said

Clásica estampa del ritmo de vida mediterráneo de Sidi Bou Said

Bancos azules y solitarios que invitan a sentarse en Sidi Bou Said

Bancos azules y solitarios que invitan a sentarse en Sidi Bou Said

Entre el blanco y el azul, tu mirada esquiva rostros de turistas a tutiplén, pero también de oriundos tunecinos, muy fotogénicos todos ellos, algunos parece que posan y todo, se ve que están acostumbrados al ajetreo de la marabunta turística.

Rostros curtidos al sol contrastan con las blancas paredes de Sidi Bou Said

Rostros curtidos al sol contrastan con las blancas paredes de Sidi Bou Said

Afecto y complicidad femenina en Sidi Bou Said, un momento que me sorprendió gratamente

Afecto y complicidad en Sidi Bou Said, momento que me sorprendió gratamente

Uno de los puntos típicos donde culminar la visita al pueblo, en plan relax, es en uno de los cafés que se sitúan sobre la balconada de casas blancas en el acantilado que cae hacia el Mediterráneo. Para ello, hay que subir hasta la parte alta del pueblo, 15-20 minutos por calles empedradas desde el punto de partida como mucho, y justo cuando ya se empieza a ver entre casas el color azul del mar Mediterráneo, hay que coger un calle que baja a mano derecha, también se puede bajar por unas escaleras. Allí, en seguida,  y debidamente indicado, daremos con uno de los cafés más famosos de la zona, el Café des Delices, un café que dispone de impolutas terrazas escalonadas donde relajarse tomando algo. No tuve la suerte de pagar la ronda en este sitio, pero estoy seguro que será un sitio caro si comparamos con el nivel medio de vida tunecino, es carne fresca para turistas, como yo, a veces. He de decir que el extraño café que me sacaron estaba malo a rabiar, muy fuerte y con mucho poso, no lo arregló  ni el exceso de azúcar. Eso sí, al César lo que es del César, porque tomarte algo, cómodamente sentado, al atardecer, y con semejantes vistas, difícil de pagar. Excelente sitio para conversar sobre viajes, donde además tuvimos la oportunidad de desvirtualizar y charlar con el gran viajero Juan Carlos Castresana, un placer. Daba la sensación de estar en Grecia o Ibiza, y mira que no he estado en ninguno de los dos sitios. Aunque es el café más conocido, estoy convencido de que en la zona hay más bares y terrazas, si no iguales, similares, y seguro que más económicos.

Entrada al famoso Café des Delices en Sidi Bou Said

Entrada al famoso Café des Delices en Sidi Bou Said

Terrazas 100% mediterráneas, idílicas, en Café des Delices, en Sidi Bou Said

Terrazas 100% mediterráneas, idílicas, en Café des Delices, en Sidi Bou Said

Si visitas Túnez, por primera vez, en plan turista, y quieres ver lo típico, Sidi Bou Said es una buena elección, y en 2-3 horas te has ventilado por completo esta bella localidad llena de contrastes, donde lo viejuno se mezcla con la luz del sol y de los colores. Eso sí, otra cosa es que te guste la fotografía y seas de los que te puedes pasar horas y horas retratando puertas y ventanas…, si ése es el caso, te costará escapar de uno de los mayores festivales de contrastes blanquiazules del mundo mundial. Estáis avisados…

Festival de puertas, cada cual más bonita, en Sidi Bou Said, Túnez

Festival de puertas, cada cual más bonita, en Sidi Bou Said, Túnez

Puertas azules resultonas, un clásico en Sidi Bou Said, Túnez

Puertas azules resultonas, un clásico en Sidi Bou Said, Túnez

Sidi Bou Said, un lugar que incita a la fotografía

Sidi Bou Said, un lugar que incita a la fotografía

Aunque ya lo era, tras visitar Sidi Bou Said, me queda claro que yo seré blanquiazul, txuri-urdin, forever and ever ¿y vosotros, os ha gustado el contraste de luz y colores de este pintoresco pueblo? Por cierto, ¿dónde decís que vivían los Pitufos? 😉

Información práctica:


Ver El Txoko de Lonifasiko – Sidi Bou Said en un mapa más grande

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Un día en la isla de Capri: Descubriendo su glamour en clave lowcost

“Definición de Capri: dícese de la bella isla italiana, situada en el Golfo de Nápoles, de donde proviene la ensalada caprese, los pantalones ‘pirata’, hoy en día un destino vacacional de ensueño, relacionado con el lujo y el glamour de la jet-set que la visita”. No es una definición de la RAE, es una definición que me la acabo de sacar de la chistera yo mismo, pero que a buen seguro, es similar a la que ha recorrido vuestros pensamientos nada más leer la palabra ‘Capri’, ¿correcto?

Capri suele ser parada habitual de muchos cruceros que navegan por el Mediterráneo y por el Mar Tirreno, que es realmente el nombre del mar que baña estas costas. También es destino vacacional de gente italiana pudiente, y de la jet-set internacional, pero sin duda, el grueso de visitas que visita Capri son excursiones express de un día, dos-tres a lo sumo. Es una isla únicamente accesible por mar, pero está bien comunicada por ferry y otros barcos más pequeños y rápidos principalmente con los puertos cercanos de Nápoles y Sorrento. En época estival, y cuando las condiciones de la mar son buenas, pueblos de la Costa Amalfitana como Positano se suman a la oferta de transporte a Capri.

Sobre cómo ir desde Positano a Capri en barco, hay un par de compañías que proveen este servicio de transporte. Salen aproximadamente cada hora con destino a Capri y a otros puntos de la costa, y en el caso de Capri, el billete de ida y vuelta costaba algo menos de 20€. Significar que los tickets se cogen en las cabinas situadas en el paseo marítimo de Spiagga Grande en Positano, y que dependiendo la hora, en Agosto puede haber problemas para coger sitio. Por ello, recomiendo madrugar y coger uno de los primeros , sino el primero de los botes que zarpan hasta Capri. Para no andar apurados de tiempo, comentar que  el tráfico y el aparcamiento en Positano, en Agosto, es un auténtico horror, incluso está complicado encontrar sitios en los parkings privados de mala muerte que gestionan  algunos avispados habitantes de la localidad que pretenden hacer el business del siglo. Si puedes ir a Positano en autobús, aunque irás apretujado, es la mejor opción, no perderás tiempo y bajarás directamente a la playa a por los tickets.

Lateral de la playa de Positano donde se coge el barco a Capri

Lateral de la playa de Positano donde se coge el barco a Capri

El barco navega bastante rápido, y el trayecto hasta Capri dura más o menos tres cuartos de hora; es un muy agradable paseo marino que permite disfrutar de unas visitas espectaculares de toda esta zona que comprende parte de la Costa Amalfitana y parte del Golfo de Nápoles. La navegación discurre entre varios islotes, pasa muy cerca de la famosa Punta Campanella, que ejerce de vigía de la península sorrentina, y justo cuando se deja esa protección y la mirada del Vesubio se hace más temible, asoma la silueta caliza de la isla de Capri.

Panorámica de Positano desde el barco dirección a Capri

Panorámica de Positano desde el barco dirección a Capri

La abrupta Costa Amalfitana desde el barco a Capri

La abrupta Costa Amalfitana desde el barco a Capri

Punta Campanella, vigía y vértice de la península sorrentina

Punta Campanella, vigía y vértice de la península sorrentina

Silueta caliza de la isla de Capri

Silueta caliza de la isla de Capri

El barco atraca en Marina Grande, puerto principal de la isla de Capri, una zona con mucho ajetreo turístico por el ir y venir de ferrys y barcos, también de algunas barcas de pescadores que se resignan a cambiar de modo de vida, y con una estrecha playa totalmente repleta de gente.

Marina Grande, el puerto principal de Capri

Marina Grande, el puerto principal de Capri

Ajetreo de primera hora de la mañana en Marina Grande

Ajetreo de primera hora de la mañana en Marina Grande

En realidad Capri es una isla muy pequeña que tiene dos núcleos principales de población, Capri y Anacapri. El centro de Capri se sitúa en lo alto de Marina Grande, mientras que Anacapri está al otro lado de las montañas que vertebran la isla. El medio de transporte ideal para moverse y visitar la isla es el autobús, que conecta casi todos los puntos de la isla, también el barco o una motocicleta nos pueden dar mucha libertad, pero olvidémonos del coche.

Y luego está el funicular, que sube desde Marina Grande hasta la Piazzeta, la plaza que se considera el centro de operaciones de Capri. Es la opción más cómoda y utilizada por los turistas,  ya que cuesta alrededor de 2 euros y salva un desnivel importante. Nosotros, como dos auténticos valientes, como buenos vascos montañeros que somos, por desmarcarnos del rebaño turístico y de las colas, y pensando, sin mirar, que sería caro, hicimos la fanfarronada de subir a pie desde Marina Grande; grave error, ya que ataviados en plan de playa, con chanclas, bañador y mochilita a cuestas, con más de 30º a las 10 a.m., en pleno Agosto, puedo decir que ha sido una de las mayores sudadas de mi vida; no me refiero a  cansancio debido a 15-20 minutos de escaleras y estrechas calles con pendiente continuada, sino al sofocante calor que soportamos. En fin, de todo se aprende.

Callejuelas estrechas de subida desde Marina Grande a Capri

Callejuelas estrechas de subida desde Marina Grande a Capri

Subida desde Marina Grande a Capri

Subida desde Marina Grande a Capri

Menos mal que una vez en la Piazzeta, mezclados con los sonrientes pasajeros del funicular, con el trajín de gente que curiosea en los comercios de lujo de la zona y con  sabor a glamour y dinero por todos los costados, paramos un buen rato para tomar un respiro y divisar desde la balconada de la plaza lo que habíamos subido.

Vista panorámica de las estribaciones de Capri desde La Piazzeta

Vista panorámica de las estribaciones de Capri desde La Piazzeta

Torre-campanario con reloj original en la Piazzeta

Torre-campanario con reloj original en la Piazzeta

Tiendas de lujo en las inmediaciones en la Piazzeta

Tiendas de lujo en Capri: inmediaciones de la Piazzeta

Taxis largos y descapotables característicos de Capri

Taxis largos y descapotables característicos de Capri

Ya recuperados, al no haber mirado nada sobre qué ver en la isla de Capri, y sin una idea muy clara de hacia dónde ir, deambulando por la Piazzeta, nos llamó la atención un letrerito en una pared cercana.

Letrero artesanal que nos condujo hacia el éxito

Letrero artesanal que nos condujo hacia el éxito

No, no penséis mal, era pronto y todavía no teníamos hambre; nos llamó la atención la palabra ‘Belvedere‘, que por días pasados y por haberlo visto en algún otro letrero de carretera, habíamos deducido que significaba ‘mirador’ en italiano, por lo que sin dudarlo un momento, para continuar con nuestro particular trekking, tiramos hacia arriba. De nuevo, entre calles estrechas y pasadizos donde vendían fruta y verdura local, poco a poco fuimos ganando altura, hasta salir a una zona en la que empezaron a aflorar villas y casitas no aptas para todos los bolsillos.

Parte alta de Capri, con el monte Vesubio al fondo a la izquierda

Parte alta de Capri, con el monte Vesubio al fondo a la izquierda

Estábamos en la buena senda, ya que el camino desemboca en un pequeño y no muy cuidado mirador (había bastante basura en el camino) denominado ‘Belvedere Cannone’, todo un descubrimiento. Esta segunda sudada del día, infinitamente menor que la primera, 10 minutos desde la Piazzeta, sí que mereció la pena. Y es que ahí nos plantamos, alejados del bullicio del puerto y centro de Capri, en la mismísima vertical de  Marina Piccola, con sus aguas de color azul y turquesa de otro mundo; y frente a los famosos Il Faraglioni, unas enormes rocas en el agua que son casi simétricas y que protagonizan una de las estampas más conocidas de Capri, donde se han grabado numerosos spots publicitarios, el más conocido, el de una marca de perfume.

Vista vertical sobre Marina Piccola en Capri

Vista vertical sobre Marina Piccola en Capri

Vista panorámica las tres moles rocosas que conforman 'Il Faraglioni' de Capri

Vista panorámica de las tres moles rocosas que conforman ‘Il Faraglioni’ de Capri

Il Faraglioni, con su canal de agua en medio de las dos rocas, típica postal de Capri

Il Faraglioni, con su canal de agua en medio de las dos rocas, típica postal de Capri

Una pena no tener un barquito chiquitito cómo el siguiente para surcar estas aguas, que en vez de infestadas de peces, están infestadas de barcos de lujo de gente muy privilegiada.

Yates de lujo atracados frente a Il Faraglioni, en Marina Piccola, Capri

Yates de lujo atracados frente a Il Faraglioni, en Marina Piccola, Capri

Con la vista extasiadas y la envidia por las nubes, no queda otra que volver a la realidad y deshacer el camino andado hasta la Piazzeta; un mini garbeo por las concurridas calles del centro y por las tiendas de lujo termina por afilarte los colmillos hasta límites insospechados, pero para bajar a tierra, nada mejor que seguir bajando entre estrechas callejuelas y escaleras, ¡qué gusto bajarlas!

Bajada desde Capri hacia Marina Grande

Bajada desde Capri hacia Marina Grande

Ya de vuelta en Marina Grande, con la hora de comer pasada pero con el cielo ganado para el resto del día, directamente optamos por ver qué nos ofrecen las playas en Capri. Peleamos un hueco en la diminuta y espigada playa del puerto, donde los bocadillos que compramos en una tienda cercana nos saben a gloria bendita caprese. A pesar de que la playa no es la ideal y llega a estresar el bullicio, las toallas del prójimo a un milímetro y los bañistas a dos centímetros, unos bañitos acompañados de snorkel en unas aguas muy chulas y un poco de tumbing al sol completan nuestra jornada slowtravel en Capri.

Concurrida playa de Marina Grande

Concurrida playa de Marina Grande

Desde allí, sin jugárnosla a coger el último barco de vuelta, por si las moscas, y tras hacer la correspondiente cola, volvemos a Positano, un trayecto en el que la imagen de Capri se va difuminando en el horizonte en un magnífico atardecer, pero al mismo tiempo, la experiencia de una día vivida en esta bella isla italiana se va asentando en nuestras memorias, buen canje de cromos.

Silueta de la isla de Capri al atardecer, de vuelta a Positano

Silueta de la isla de Capri al atardecer, de vuelta a Positano

Ya veis, para haber estado en Capri, no probamos el funicular, no visitamos Anacapri ni cogimos el famoso telesilla que va hasta Monte Solaro, no compramos nada en las tiendas de lujo en Capri centro, tampoco hicimos la excursión turística que te lleva en barco hasta la afamadísima cueva marina Grotta Azzurra…, qué desastre, ¿no? Pues rotundamente no, es una excursión de día de la que tenemos un gratísimo recuerdo; nos salimos de los cánones turísticos habituales, fuimos sin un plan predefinido, sin habernos informado de nada, sin prisa alguna, a lo que saliese, y esto hizo que afortunadamente fuéramos deambulando y encontrando rincones bien chulos, por accidente. Es por ello que guardamos un fantástico recuerdo de esta excursión, un día tranquilo al más puro estilo slowtravel, que nos permitió conocer una parte de Capri al ritmo que nos pidió nuestro cuerpo aquel día.

¿Qué os ha parecido este relato sobre qué ver en Capri en un día? Fue una manera extraña y un poco desorganizada de visitar la isla de Capri, en clave lowcost, dejando de lado las excursiones típicas e improvisando sobre la marcha. A pesar de este más que aparente caos viajero, guardamos muy buen recuerdo de la visita a esta joya del Tirreno, fue una excursión de día genial. ¿Alguna visita imprescindible en la isla de Capri que se nos pasó por alto?

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Sa Palomera, el istmo donde comienza la Costa Brava

¿Creéis que es posible, siempre, asociar un destino/sitio con una imagen que tenemos grabada en nuestra retina, bien porque hemos estado allí o porque lo hemos visto por Internet, en una revista o donde fuere? Es un juego interesante: Alguien pronuncia el nombre de un sitio, y tú, intentas proyectar en tu mente la primera imagen que te viene a la cabeza; es divertido, siempre suele haber sorpresas.

Por ejemplo, si me pongo a pensar en París, me viene la clásica estampa de la Torre Eiffel; si pienso en China, la Gran Muralla copa por completo mi mente; si me dicen Eibar, me viene la Plaza de Untzaga o el Santuario de Arrate, fifty-fifty; y si estando en la Costa Brava, me dicen qué ver en Blanes… No hay ninguna duda: ¡Sa Palomera!

Dónde empieza la Costa Brava
Puerto y costa de Blanes, desde el Castillo de Sant Joan, con Sa Palomera en la mitad

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