Cómo NO ir del aeropuerto de Sofía a Sofía centro

 

Esto que voy a contar le ha pasado a mucha gente, en muchos sitios, tanto en viajes personales o de placer como en viajes profesionales o de trabajo. Si a ti no te ha pasado, suerte que tienes, pero por si acaso, te recomiendo leer este post hasta el final para que estés advertido y no te pase nunca. No os asustéis, no es nada grave ni que no tenga solución, se trata de un simple timo en el que caes por no planificar bien las cosas e ir un poco despistado por la vida.

Nos pasó durante nuestro viaje a Bulgaria durante el verano del 2010, y sin pelos en la lengua, te vamos a contar cómo NO ir del aeropuerto de Sofía a Sofía centro. ¿Dispuesto a leer, aprender, y sobre todo, a no “cagarla” como nosotros?

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Foz de Lumbier, obra maestra natural esculpida por el río Irati

 

Cañón, desfiladero, garganta, hoz… ¿Y foz, qué es una foz? Aunque los geólogos puristas me echarán la bronca y dirán que soy un ignorante (no les falta razón), se puede decir que una foz es un accidente geográfico natural muy similar, incluso sinónimo, de los cuatro anteriores. Sirva la definición de andar por casa que me voy a sacar de la manga: una foz es un gran ‘tajo’ en la roca, normalmente roca caliza, horadado, esculpido, producido por la erosión continua de un curso de agua durante miles/millones de años. Para el Nobel de Geología, ¿a que sí? Por cierto, ¿hay Nobel de Geología? No, que lo acabo de mirar, hay Medalla Wallaston, ¡toma ésa!

Ese ‘tajo’ del que hablo, en el caso de la Foz de Lumbier en Navarra, lo ha realizado de forma laboriosa y minuciosa el caudaloso río Irati, que tras pasar por un lateral del pueblo de Lumbier, recoge las aguas del río Salazar, y casi inmediatamente enfila dicha foz por un estrecho pasillo entre dos murallas rocosas, con el mismo afán e ímpetu de erosión de siempre.

Foz de Lumbier Fotos Navarra
Brutales procesos de erosión a lo largo de diferentes eras

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Castrillo de los Polvazares, un pueblo maragato anclado en el tiempo

 

A día de hoy ‘choca’ encontrarse con pueblos a cuyas calles principales el asfalto no ha llegado o no se le ha permitido, por diversas causas, llegar. Es más, quedarán muy pocos pueblos en toda España que no hayan sido ‘contaminados’ ya por esa materia gris destructora, aunque comunicadora, creada por el hombre y denominada comúnmente asfalto. En ciertos casos, parece mentira que en pleno siglo XXI haya pueblos todavía en ese estado, incomunicados a nivel de transporte; en cambio, haciendo la lectura inversa, alegra ver que existen casos excepcionales en los que el asfalto no es bienvenido, señal inequívoca de que se quiere conservar la esencia propia del lugar, su autenticidad. Es lo que ocurre con varios pueblos de la comarca de la Maragatería, en especial con Castrillo de los Polvazares, uno de los estandartes turísticos de esta entrañable comarca leonesa que atraviesa el Camino de Santiago, gastronómicamente muy conocida y apreciada por su estupendo cocido maragato.

Castrillo de los Polvazares es un pueblo en el que simplemente su entrada y los primeros pasos que das ya te dicen y te cuentan algo, las calles te susurran y te invitan a adentrarte en la magia de tiempos pasados.

Entrada principal a Castrillo de los Polvazares

Entrada principal a Castrillo de los Polvazares

Sí, en efecto, por sus calles empedradas circula algún que otro coche; la modernidad, impulsada por el turismo, también ha llegado aquí; de todas formas, para la gente que viene de visita, lo mejor es dejar el coche fuera del municipio y recinto empedrado, en un aparcamiento gratuito situado justo antes del puente que salva un pequeño riachuelo. Desde allí, sólo queda afrontar la ligera cuesta empedrada que ya nos empieza a sumergir en una esplendorosa época pasada.

Estamos hablando de un pueblo pequeño, donde en la actualidad viven menos de cien habitantes, un pueblo que al igual que su vecina Murias de Rechivaldo, pertenece administrativamente a Astorga, de la que dista apenas cinco kilómetros. Kilómetros que unen un pasado maragato similar, pero que separan a una ciudad que combina tradición y modernidad, estratégicamente situada y correctamente reinventada y explotada gracias al turismo del Camino de Santiago, de un pueblo que permanece ahí, anclado en el tiempo.

Carro en las empedradas calles de Castrillo de los Polvazares

Carro en las empedradas calles de Castrillo de los Polvazares

Calle principal de Castrillo de los Polvazares

Calle principal de Castrillo de los Polvazares

La arquitectura maragata tiene en este pueblo más influencia y evidencia que en ningún otro. Bajo su guión, las reviradas y desiguales calles empedradas se empeñan en esconder y dar cobijo a las casas arrieras que se atreven a desafiar el frío clima que se respira por estos lares durante gran parte del año; no olvidemos que estamos a más de ochocientos metros de altitud, lo que conlleva que el invierno en esta zona sea duro no, lo siguiente. La arquitectura maragata y las casas arrieras de la localidad se caracterizan por sus gruesos muros de piedra, con ventanas y balcones que resaltan siempre sobre las fachadas, y por supuesto, por sus amplias puertas y entradas; algunas de forma rectangular, otras en forma de arco, pero siempre sabiamente habilitadas para el paso de carros y carretas donde los arrieros maragatos transportaban todo tipo de géneros.

Casas de arquitectura maragata en Castrillo de los Polvazares

Casas de arquitectura maragata en Castrillo de los Polvazares

No todas las entradas a las casas maragatas tienen forma de arco

Puerta de casa arriera que llama la atención

Y es que esta comarca tuvo un pasado mercantil muy fructífero hasta el siglo XIX, ya que era sitio estratégico de paso para muchas de las actividades de comercio y trueque que se realizaban durante esa época con otras zonas de la península. De ese pasado, con las debidas restauraciones de casas y calles, y gracias en gran parte a la declaración de Conjunto Histórico-Artístico de la localidad, el pueblo conserva esa magia del pasado, que ciertamente renovada y bien explotada, engancha a peregrinos y turistas por igual.

Calle transversal y secundaria de Castrillo de los Polvazares

Calle transversal y secundaria de Castrillo de los Polvazares

Escudo en la fachada de una casa maragata

Escudo en la fachada de una casa de arquitectura maragata

Bien resguardada y arropada por el caserío, pero como no podía ser de otra manera, destacando en altura sobre el resto de construcciones de pueblo, encontramos la iglesia en honor a San Juan Bautista, que sigue, a rajatabla, los patrones de construcción del resto de iglesias de la comarca, con esa alta fachada de piedra que casi siempre se culmina y decora con doble campanario.

Iglesia de Castrillo de los Polvazares

Iglesia de Castrillo de los Polvazares

Es un pueblo pequeño y muy manejable, poco accesible por circunstancia obvias, en el que perderse, por mucho que lo intentes, no es tarea fácil; lo que sí es sencillo es dejar volar tu imaginación mientras paseas y disparar infinidad de fotografías; todas las calles y casas de Castrillo de los Polvazares tienen el mismo aire maragato sí, eso es incontestable, pero a su vez, todas y cada una de ellas, tiene algo, un halo especial y diferente las envuelve.

 A pesar de estar ciertamente resguardado, es un pueblo en el que hace mucho viento y frío, frío de ése que se te mete hasta los huesos, por lo que no está de más ir siempre bien abrigado, sobre todo en invierno, época en la que esta zona también recibe abundantes nevadas. El atardecer es un buen momento para pasear por Castrillo de los Polvazares, lleno de misteriosas luces y sombras que varían en cada rincón del pueblo, pero incluso en días lluviosos o grises, las calles y casas de este pueblo brillan, tienen sin duda su propia luz, ¿la luz maragata?

Castrillo se llena de luces y sombras al atardecer

Castrillo se llena de luces y sombras al atardecer

Como información adicional, comentar que el pueblo dispone de varias tiendas de artesanía, al menos un alojamiento donde dormir y de varios bares y restaurantes donde degustar la típica cocina de la zona, con el archiconocido cocido maragato como plato estrella. Nosotros visitamos el pueblo a última hora de la tarde, una Semana Santa, hacía mucho frío, y sinceramente, no había demasiada ‘vidilla’ en el pueblo. Para ser lo conocido que es el pueblo, pensaba que iba a estar turísticamente más explotado con multitud de tiendas, bares y restaurantes, pero no me dio esa impresión el día que lo visitamos, lo que no garantiza nada en absoluto. ¿Qué os ha parecido este pueblo maragato, os gustan este tipo de sitios que parecen anclados en el tiempo?

SaludoX!

Villefranche-sur-Mer, una joya al Este de la Costa Azul

 

En uno de los últimos recodos de la accidentada Costa Azul francesa, al amparo de las glamourosas Niza y Mónaco, encontramos una pequeña y pintoresca localidad que tiene una gran peculiaridad: su puerto es el primero en Francia en cuanto a tránsito de cruceros de recreo, ahí es nada, lo que se traduce en mucho turismo. Nunca lo hubiera dicho, me imaginaba que los cruceros, requerirían de una infraestructura de puerto considerable, y claro, viendo el pueblo y puerto de Villefranche encajonados en una pequeña bahía, no lo veía muy factible. No, hasta que comprendí la maniobra de aproximación del barco, que se detenía lentamente y echaba el ancla en la propia bahía, sin llegar al diminuto puerto. Aaaamigo, así sí. Parece que esta bahía reúne las condiciones ideales para el fondeo de semejantes bestias navales, y luego, si te apetece, te transportan al puerto de Villefranche en barcos nodriza más pequeños, para que pases el día por allí a tu aire o realices alguna de las excursiones disponibles, por ejemplo, la visita a Mónaco, muy recomendable.

Por todo ello, esta localidad es turísticamente muy conocida, siendo una de las paradas típicas en cualquier crucero por el Mediterráneo, también en el caso del crucero “Brisas del Mediterráneo” de la compañía Pullmantur, que fue el que nosotros hicimos, a bordo del mega buque Sovereign, ¡menudo monstruo!

El buque Sovereign desde la distancia

El buque Sovereign desde el barco nodriza

El auténtico 'Lobo de Mar', avistado en Villefranche-sur-Mer

Uno de los tripulantes del barco nodriza, un auténtico “lobo de mar”

El barco nodriza, con bastante capacidad, estable, y apto para sillas de ruedas y cochecitos de bebé (fuimos en este plan, Izaro tenía 3 meses), te deja en menos de 10 minutos en la pequeña terminal marítima del puerto de la localidad. Según sales de la terminal, a mano derecha y antes de entrar en el puerto y paseo marítimo, nos damos de bruces ya con la pintoresca capilla de San Pedro.

Chapelle Saint-Pierre en la zona del puerto

Capilla de San Pedro ó Chapelle Saint-Pierre, en el mismo puerto de la localidad

A partir de aquí, una sola recomendación para descubrir la localidad: subir de frente por alguna de las estrechas callejuelas y escaleras que suben hacia el casco histórico y…¡perderse, literalmente! No hay otra fórmula mejor para explorar esta localidad, una guía de turismo poco tiene que hacer en este caso, ga-ran-ti-za-do. Nosotros empezamos a caminar en grupo, pero acabamos como el rosario de la Aurora, completamente desperdigados, cada uno sacando fotos en diferentes puntos del casco antiguo; divertido, sólo sabíamos que a cierta hora había que estar de vuelta en la terminal marítima, y para llegar allí, es tan fácil como bajar hacia el puerto, el asunto no tenía pérdida.

Una vez te adentras en el casco histórico, a través de sus estrechas calles de accesibilidad cero, sólo queda disfrutar de los mil y un detalles que irán procesando tus  retinas, siempre fusionando múltiples colores de fachadas y vegetación, con ese ambiente bohemio y a veces “viejuno” tan propio de los cascos históricos. Os puedo asegurar que la combinación funciona, y si además, añades a la visita un poco de día gris y sirimiri, el cóctel es explosivo no, lo siguiente.

Puertas y ventanas coloridas en el casco histórico de Villefranche

Puertas y ventanas coloridas en el casco histórico de Villefranche

Gotas de lluvia en macetas del casco histórico de Villefranche

Gotas de lluvia en macetas del casco histórico de Villefranche

Como monumento destacado y referente de la parte antigua, cabe mencionar la iglesia de San Miguel, construida inicialmente en el siglo XV, y de influencia italiana. El interior no llamó mucho mi atención, y destacan a los ojos del viajero, su espigada y colorida torre y su gran reloj.

Torre y reloj de la Iglesia de San Miguel (Église Saint-Michel)

Torre y reloj de la Iglesia de San Miguel (Église Saint-Michel)

De todas formas, como comentaba, yo me sigo quedando con los detalles pintorescos y fotogénicos, de vida cotidiana algunos, de la parte antigua, para empezar a hacer fotos y no parar…

Detalle ornamental en la parte antigua de Villefranche

Fuentes que ¿florecen?

Flores y plantas en las calles de Villefranche

Flores y plantas en las calles de Villefranche

Viejos ventanales y vida cotidiana en Villefranche

Calles de contrastes: viejos ventanales y pinzas modernas

Calles empinadas, nada accesibles, del casco histórico de Villefranche

Calles empinadas, nada accesibles, del casco histórico de Villefranche

Todavía con el dedo pegado al botón de disparo de la cámara, por si algún inesperado detalle hace acto de presencia, salimos del casco histórico, con la mirada puesta ya en otro sitio con no menos historia: la ciudadela de Saint-Elme. Construida en el siglo XVI, y situada en un punto ligeramente elevado cerca de la actual terminal marítima, esta fortaleza ejerce de testigo mudo del turbulento pasado de ocupaciones y batallas vividos por la villa. Y es que Villefranche, pasó gran parte de su historia a caballo entre diferentes condados y ducados, siendo a finales del siglo XIX, no hace tanto vaya, cuando definitivamente es anexionada a Francia.

Asentada sobre una colina, es una ciudadela de dimensiones bastante grandes, cuya construcción y gruesas paredes verticales, de piedra, bajan hasta el mar, o en su defecto, hasta un foso bastante profundo. El estado de conservación es relativamente bueno, pero no sé si por el musgo, la vegetación y el desgaste y color de la piedra de los muros, desde fuera puede dar la sensación de un poco de dejadez, ésa fue al menos mi impresión.

Entrada a la ciudadela del siglo XVI

Entrada a la ciudadela de Saint-Elme, del siglo XVI

Panorámica de Villferanche y su caserío desperdigado, desde la entrada a la ciudadela

Por dentro, diferentes estancias del fuerte se han reacondicionado, alguna de ellas convertida incluso en museo, por lo que entre sus estancias y paredes coloridas, es posible ver antiguos cañones bélicos y anclas marinas al lado de esculturas ciertamente modernas, curiosa combinación.

Cañón apuntando a la bahía de Villefranche

Cañón apuntando a la bahía de Villefranche

Interior de la ciudadela de Saint-Elme

Interior de la ciudadela de Saint-Elme

Escultura "El Hombre de Piedra"La dama ¿vergonzosa?

Diversas esculturas jalonan el recorrido interno por la ciudadela

Saliendo ya de la ciudadela, no es mala idea bajar de nuevo al puerto y caminar tranquilamente por el adoquinado paseo marítimo, e incluso tomarnos algo (si nuestra cartera lo permite, los precios son muy caros) en alguna de sus tranquilas terrazas y restaurantes, a modo de descanso.

Terrazas frente al puerto de Villefranche

Terrazas en la zona del puerto de Villefranche

Por último, recomendar la vista aérea de Villefranche que se obtiene desde el improvisado mirador la carretera dirección a Mónaco, tramo de asfalto que serpentea bajo la montaña, elevándose a bastante altura sobre la bahía. Si no me equivoco, se puede subir también a pie desde la última parte del paseo marítimo, frente a la larga y afilada playa de la localidad; en nuestro caso, al tener la excursión a Mónaco a continuación de esta visita, fuimos comodones y nos llevaron hasta este punto en autobús. Hay que parar malamente en el arcén de la carretera, por lo que ojo al bajar, el sitio no es muy apropiado, apenas hay arcén y un pequeño murete, y la carretera tiene bastante tráfico. Independientemente de cómo llegues a él, las vistas sobre la bahía y la pintoresca localidad asentada sobre la colina, al amparo de la montaña, son muy chulas, merece la pena.

Villefranche desde la carretera dirección a Mónaco

Villefranche desde la carretera dirección a Mónaco

Playa de Villefranche

Playa de Villefranche 

Tras este entretenido e intenso paseo de una mañana entera aproximadamente, me queda claro por qué muchos cruceros como Pullmantur han elegido esta localidad como una de sus escalas en la Costa Azul: es una localidad pintoresca y divertida, y está muy cerquita de Mónaco, una excursión lujuriosa y muy apetecible. ¿Qué opináis, creéis que ando desencaminado con mis teorías crucerianas o consideráis que Villafranche por sí sola bien merece una parada?

SaludoX!

Sa Palomera, el istmo donde comienza la Costa Brava

 

¿Creéis que es posible, siempre, asociar un destino/sitio con una imagen que tenemos grabada en nuestra retina, bien porque hemos estado allí o porque lo hemos visto por Internet, en una revista o donde fuere? Es un juego interesante: Alguien pronuncia el nombre de un sitio, y tú, intentas proyectar en tu mente la primera imagen que te viene a la cabeza; es divertido, siempre suele haber sorpresas.

Por ejemplo, si me pongo a pensar en París, me viene la clásica estampa de la Torre Eiffel; si pienso en China, la Gran Muralla copa por completo mi mente; si me dicen Eibar, me viene la Plaza de Untzaga o el Santuario de Arrate, fifty-fifty; y si estando en la Costa Brava, me dicen qué ver en Blanes… No hay ninguna duda: ¡Sa Palomera!

Dónde empieza la Costa Brava
Puerto y costa de Blanes, desde el Castillo de Sant Joan, con Sa Palomera en la mitad

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Labastida, puerta de entrada histórica a la Rioja Alavesa

 

Hay pueblos en los que según empiezas a caminar por sus calles, te embriaga un halo  de historia y encanto especial que no te los puedes quitar de encima en toda la visita. Por como soy, a mí me ocurre en demasiadas (¿?) ocasiones, pero hay veces en las que me gusta sobremanera, porque hace que mi mente trabaje y vaya atrás en el tiempo, interesándome por el pasado y legado histórico de un pueblo. Si llego a ese punto, eso es una señal inequívoca de que ese pueblo me ha ‘enganchado’, ese pueblo ya tiene un hueco de oro en mi maltrecha masa gris.

Y efectivamente, como podréis imaginar por esta entrada, la villa de Labastida (Bastida en euskera), puerta de entrada a la Rioja Alavesa por el Este, es una de ésas que se ha ganado a pulso su ‘txoko’. Por mi conexión riojana que muchos conocéis y que saldrá a relucir también por aquí, es un pueblo en el que había estado bastantes veces, sin embargo, admito sin sonrojarme que no conocía muchos detalles de la verdadera Labastida.

Me di cuenta de este punto según comencé a caminar por la calle Frontín, un buen punto para empezar a recorrer el casco histórico de la villa. En ligero ascenso hacia la Plaza de la Paz, centro neurálgico del pueblo, el viajero ya percibe la importancia que tuvo, ha tenido y tiene esta villa de origen medieval. No hay casa ni esquina que no tenga algún detalle que llame la atención del viajero: imágenes religiosas en fachadas, casas con enormes y gruesos muros de piedra, puertas decoradas, balcones y ventanas de hierro forjado,  y por supuesto, escudos heráldicos en aquellas casas de familias que en su época, supongo, fueron importantes.

Escudo heráldico en la calle Frontín

Escudo heráldico en la calle Frontín

Tras recrearnos la vista y disparar ya de entrada más fotos de las esperadas, esta calle histórica nos conduce a la explanada donde se sitúa la citada plaza, sede del actual ayuntamiento, pero donde destaca, sobremanera, la impresionante Casa Palacio de los Salazar, donde vivió Don Manuel Quintano.

Casa Palacio de los Salazar, residencia de Don Manuel Quintano

Casa Palacio de los Salazar, residencia de Don Manuel Quintano

La historia de este peculiar personaje bien merece una explicación: Este señor, mitad cura, mitad hombre de negocios, fue quien trajo a estas tierras vitivinícolas los métodos bordeleses para la crianza del vino, ya que el vino que se producía por estas tierras en el siglo XVIII no era de muy buena calidad. Le consideraron un loco, y tuvo bastantes rifi-rafes con otros productores de vino de la zona, que no quisieron ver, por temas económicos, las bondades de dichos métodos, y así, Manuel, murió sin demasiado reconocimiento. En cambio, con el tiempo, sus innovadores métodos y consejos empezaron a aplicarse por sus descendientes y creyentes, que alguno había, y este cambio radical tuvo éxito, hasta tal punto, que hoy en día, es considerado como el revolucionario precursor de la óptima crianza del vino, no sólo en la Rioja Alavesa y La Rioja, sino a nivel de España, tela marinera. Por ello, más que un loco, yo diría que este señor fue un visionario, un adelantado para su época, desde aquí mi pequeño homenaje, ¡gracias Manuel! Por cierto, actualmente una bodega de Labastida produce un vino de alta expresión en homenaje a este crack de la época, muy-muy recomendable. Más info, aquí.

Tras la historieta de turno, volvamos a la plaza, donde es imposible no girar la cabeza y encontrarse de bruces con el monumento histórico quizás más importante de Labastida, la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Por fuera ya llama la atención, sobre todo por sus dimensiones inesperadas, pero es en el interior donde esta iglesia alberga sus joyas, con un retablo mayor de estilo barroco impresionante, y una llamativa bóveda, llena de pinturas celestiales.

Retablo barroco de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción

Retablo barroco de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción

Bóveda de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción

Bóveda de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción

Asombrados todavía por su interior, salimos y ascendemos en pronunciada pendiente hacia la Plaza del Olmo. Merece la pena girarse a medio camino de esta subida y contemplar la fachada de la torre de más de 50 metros que vigila nuestro lento ascenso. Si cuando se construyó esta torre buscaban darle a la iglesia un aire celestial, de referencia, de dominación, creo que lo consiguieron.

Torre de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción

Torre de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción

Descansamos en la coqueta y religiosa Plaza del Olmo, desde donde ya vemos la importante barrera rocosa del monte Toloño, y se sigue subiendo hasta el promontorio conocido como Cerro de la Mota, donde se alza la Ermita del Santo Cristo. En realidad es una iglesia fortaleza fundada por Sancho el Sabio en el siglo XII, de estilo románico y algo de gótico. Tiene mucha importancia histórica, ya que en sus inmediaciones estuvieron los primeros asentamientos poblacionales de Labastida, núcleo que luego se fue expandiendo ladera abajo, al abrigo del cerro.

Ermita del Santo Cristo

Ermita del Santo Cristo

Esta ermita tiene la peculiaridad de que bajo su subsuelo, durante unas obras de restauración, se descubrieron multitud de tumbas y restos, un hecho más habitual de lo que pensamos en muchas iglesias y  monumentos religiosos. Y a día de hoy, dichos trabajos de restauración han permitido que el visitante, a través de un panel transparente, pueda caminar sobre dichas tumbas. Da un poco de yuyu, pero en el fondo, y en la superficie, ¡mooola!

Significar que es una ermita que habitualmente está cerrada, por los amigos de lo ajeno y tal, por lo que su grandiosa puerta sólo se abre para visitas guiadas y autorizadas, sólo puedo decir que se abre con una llave muy curiosa, una llave ‘de las de antes’ ;-).

Detalles de la entrada y puerta de la Ermita del Santo Cristo

Detalles de la entrada y puerta de la Ermita del Santo Cristo

Eso sí, si con algo me quedo de esta ermita, es con sus vistas, ya que la explanada del cerro ejerce de excelente mirador del pueblo de Labastida, parte de la Rioja Alavesa y tierras riojanas en general. Siempre impresiona ver este valle tan fértil que se extienda desde la Sierra Cantabria y los Montes Obarenes hasta la Sierra de la Demanda, con San Lorenzo cómo punto omnipresente allá en el lejano pero a la vez cercano horizonte.

Panorámica desde la Ermita del Santo Cristo

Panorámica desde la Ermita del Santo Cristo

Eso hacia el sur, y para los curiosos y norteños, bordead la ermita por cualquiera de sus lados; la estampa de los viñedos al amparo del monte Toloño, sea la estación que sea, no tiene precio.

Toloño desde la Ermita del Santo Cristo

Toloño desde la Ermita del Santo Cristo

Con la vista saciada de viñedos, descendemos y proseguimos nuestro recorrido por un pequeño camino que sale a mano izquierda de la bajada de la ermita. Entre árboles y vegetación, llegamos a otra especie de mirador que tiene un banco, pero no un banco cualquiera, un banco de ésos que pone “Siéntate, relájate y disfruta”. Desde allí, el camino desciende ya entre escaleras, escudos en fachadas y casas de pueblo con multitud de detalles ornamentales y florales, todas tienen algo especial, da gusto caminar por este barrio.

Detalle entrada de casa en el barrio alto de Labastida

Detalle entrada de casa en el barrio alto de Labastida

Y justo antes del último tramo de bajada, se pasa por los restos del Lagar de la Mota, un antiguo lagar donde se producía vino, otro detalle que nos transporta a un pasado, ojo, no tan lejano, aunque difícil de imaginar a día de hoy.

Finalmente, por una antiguas escaleras salimos al otro lateral de la iglesia de la Asunción, al amparo de su vertical fachada y aristas bien protegidas.

Detalle gárgola de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Detalle gárgola de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Dejamos a un lado la Plaza de la Paz y completamos la visita bajando por la estrecha calle Mayor de la localidad, otro área de interés histórico que merece toda nuestra atención. Su nombre da a entender que fue y es la arteria principal de la villa, pero es que en seguida, las casas solariegas, palacetes, blasones y escudos que se pueden ver a izquierda y derecha lo corroboran, es la calle Mayor, con ‘M’ mayúscula.

Casa solariega en la Calle Mayor de Labastida

Casa solariega en la Calle Mayor de Labastida

En ella habitan pequeñas joyas que fueron construidas en la época de bonanza de la villa, por familias nobles burgalesas muchas de ellas, cada una con su propia seña de identidad. Hoy en día, tras los obligados procesos de restauración, algunos privilegiados tienen la suerte de habitar en estas casas con tanta historia, ¡qué envidia! En una de ellas situada a mano izquierda, con entrada de piedra y un patio interior muy chulo, está documentado que pernoctó el mismísimo Napoléon Bonaparte. Fue durante la época en la que las tropas napoleónicas ocuparon esta zona, entre otras muchas; se sabe que durmió dos noches, aunque conociendo cómo se las gastaba este tipo, no me extraña que fueran sólo dos, seguro que tenía prisa por ir a dar órdenes a su ejército para conquistar y arrasar tierras vecinas, era su gran afición, qué le vamos a hacer.

Caserón donde la leyenda cuenta que durmió Napoléon Bonaparte

Caserón donde la leyenda cuenta que durmió Napoléon Bonaparte

Y con este recorrido por el último tramo histórico de la calle Mayor termina nuestra visita particular a Labastida, una villa medieval que esconde, como habéis podido ver, muchos tesoros históricos y arquitectónicos, una villa en la que se respira un halo continuo de historia y leyenda, eso sí, de aire muy señorial.

A pesar de que no soy muy amigo de las visitas guiadas y me gusta perderme a mi aire, en esta ocasión hicimos este recorrido acompañados, con una excelente guía que nos hizo el recorrido super ameno y nos metió a todos el gusanillo histórico que encierra Labastida, eskerrik asko Carol!

Por último, apenas he hablado de vino y enoturismo, pero estando en la puerta de entrada a la Rioja Alavesa, región vitivinícola donde las haya, qué menos que completar esta  excursión histórico-cultural con una visita a una bodega de la zona. Si no os apetece moveros, en Labastida mismo hay muchas opciones, podéis echar un vistazo y elegir la bodega que más os guste en este link.

SaludoX!

Bienvenidos a bordo, ¡zarpamos!

 

¡Hola de nuevo Internet, hola internautas de diversa índole! Sí, ya estoy aquí de nuevo, blogueando desde mi nuevo txoko virtual, recuperando sensaciones blogueriles que había dejado de lado tras abandonar vilmente hace tres años mi primer blog. Tres años ya, ¡qué tiempos aquellos! Sí, efectivamente no soy nuevo en esto, ya que tuve un blog en el que durante dos años escribí sobre mis peleas con la informática y las nuevas tecnologías, era mi pan de cada día. Fue una etapa divertida, un periodo de aprendizaje en temas de blogging muy interesante, pero por diversas causas personales y profesionales, aquella bitácora quedó un día criogenizada para siempre, se puede consultar todavía aquí.

Este hecho no significó que abandonara el mundillo de la red, todo lo contrario, me permitió dedicar más tiempo a dos de mis ojitos tecnológicos derechos, Twitter, y Minube, donde sigo en la actualidad compartiendo rincones y experiencias de viaje personales. En el caso de Minube, ha sido desde sus inicios allá por el 2007 un proyecto con el que me he identificado mucho, puedo decir incluso que hemos crecido juntos :). Y admito sin tapujos que la participación en dicha red y el networking, físico y virtual, con otros viajeros, aderezado con una potente base de persona curiosa e inquieta por naturaleza que traigo por defecto, tienen la ‘culpa’ de que hoy esté escribiendo aquí este primer post, iniciando así una nueva etapa en la que tengo depositadas muchas ilusiones y esperanzas.

Ya siento daros la chapa con este primer post pseudo-biográfico y off-topic total, pero creo que era necesario para romper el hielo y contaros de qué planeta vengo. Para obtener información más personal y detallada, podéis consultar también la sección “Quiénes somos”, donde hemos intentado auto-describirnos en el plano corto.

Respecto a la pregunta ‘hacia dónde voy’… Como ocurre en muchos viajes, el destino concreto no está marcado aún, pero sí el rumbo, que no es otro que crear una bitácora donde ir contando mis viajes y escapadas, con sus correspondientes vivencias, anécdotas y aventuras. Esto no quita que también hable de vez en cuando sobre servicios de Internet y redes sociales aplicadas al turismo y a los viajes (para dar rienda suelta a mi faceta geek), o que cuando me apetezca, me marque algún post off-topic total, incluso peor que éste :). Eso sí, como siempre, intentaré contarlo todo desde un punto de vista muy personal y particular, Lonifasiko’s way.

Asumo que la velocidad de esta aventura por los mares de blogging será variable. En la medida de lo posible, intentaremos poner el piloto automático para mantener una buena velocidad de crucero y postear con cierta asiduidad, pero habrá veces en las que sople el viento Bora y tengamos mar arbolada, tanto en lo personal como en lo profesional; en tal caso, iremos paralelos a la costa, porque sabemos que piano piano, si va lontano. De todas formas, tengo que decir que me declaro fan del movimiento #slowpost, ante todo, personalidad y calidad en el contenido, soy así, ¡qué le vamos a hacer! 🙂

Comentaros que durante los primeros meses de andadura, iréis percibiendo paulatinamente cambios en el blog, trataré de tunearlo poco a poco a nivel de diseño, funcionalidad, etc. No soy para nada experto en WordPress por lo que anticipo que habrá errores, y ahí os pido un poco de paciencia hasta que tenga todo controlado y este txoko ofrezca una imagen uniforme y a gusto de (casi) todos. Sobra decir que el feedback es más que bienvenido, sobre todo ahora al principio: críticas, notificación de errores/caídas, sugerencias de mejora, tanto a nivel de diseño como de contenido, cosas que os gustan…cualquier tema que consideréis importante, no dudéis en comentarte, bien a través de los comentarios de los posts, bien a través de la sección de contacto del blog, también a través de las diferentes redes sociales… Todo vale y se agradece, grazie mile!

Nada más, con estos párrafos doy por inaugurado este nuevo txoko y esta segunda etapa como blogger, espero que tengáis que aguantar mis chaparrones viajeros durante mucho tiempo, id comprando por si acaso un buen paraguas Gore-Tex, yo os aviso :). Lo dicho,  gracias y bienvenid@s, un placer estar de nuevo con vosotr@s en esta nueva y fascinante aventura. ¿Zarpamos, despegamos, arrancamos, damos el primer paso…? Lo que prefiráis, habrá de todo y para tod@s, pero por el momento, ¡empezamos!

SaludoX!

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