Exqueisada de verduras asadas con lascas de bacalao

Restaurante ‘El Ruedo’, una plaza gastronómica auténtica en Candelario, en plena sierra de Béjar

Hay recomendaciones, y hay recomendaciones. Y cuando alguien como Marta de Pasean2 te recomienda ir a comer a un sitio concreto, en una zona que conoce muy bien, pues eso, no te compliques, vete y come donde te ha dicho, ¿para qué vas a mirar más?

Justo en la misma entrada al precioso pueblo bejarano de Candelario, primero estuvimos tomando algo en su pequeña terraza, donde sacan unas tapitas bastante majas con la bebida que pidas. Dando de comer a la peque tranquilamente, en clave slowfamilytravel, estuvimos hojeando el menú que ofrecen, que siendo fin de semana, tenía un precio de 16€, y una pinta estupenda. Nos llamó la atención el concepto de ‘Lagarto ibérico’, y de hecho no me pude resistir a preguntarle al camarero, que muy majo, me explicó que es una parte muy jugosa del cerdo ibérico (no me acuerdo cuál), un término que nunca habíamos escuchado.

Admito que miramos alguna opción más para comer en Candelario, también recomendada por ella, pero siendo ésta la recomendación number one, con ese novedoso término gastronómico de ‘lagarto ibérico’ dando vueltas en mi cabeza, y viendo desde fuera que es un restaurante especializado en carnes, caza y setas, ya en la misma terraza nos decantamos por la opción de vivir una nueva gastroexperiencia en la Taberna Restaurante El Ruedo. ¿Gustáis?

Aperitivo en el Restaurante El Ruedo, en Candelario (Salamanca)

Aperitivo en el Restaurante El Ruedo, en Candelario (Salamanca)

Tiene una zona de barra a mano derecha según entras, y ligeramente a mano izquierda, se entra a la zona de mesas del restaurante, que a su vez, está divido en dos espacios. El espacio oficial se sitúa de nuevo a mano derecha, al fondo, con capacidad para 25-30 personas máximo (a ojo de buen cubero). Es un comedor muy coqueto, decorado con motivos taurinos, haciendo honor al nombre del establecimiento.

Interior del comedor del Restaurante El Ruedo, en Candelario

Interior del comedor del Restaurante El Ruedo, en Candelario

Fuera del espacio oficial, disponen de 2-3 mesas adicionales, que en fines de semana y época de turismo en la zona, seguro les vendrá de perlas para llenar el local. Admito que no soy muy amigo, más bien enemigo, del mundo de los toros, pero hay que admitir que la decoración está cuidada y que algunos de los detalles colgados en armarios y paredes del comedor son muy auténticos y tienen su punto, se percibe que al dueño del local le va el mundo taurino. Mesas y sillas de madera, mantelería blanca y paredes de piedra, de casa antigua, confieren al local ese toque rústico que hace sentirse cómodo al comensal desde el minuto cero.

Detalles del mundo taurino salpican el comedor del Restaurante El Ruedo

Detalles del mundo taurino salpican el comedor del Restaurante El Ruedo

La opción fácil y sencilla era comer el competitivo menú anteriormente citado, y degustar  de paso el famoso ‘lagarto’, pero claro, si pides la carta, tu opinión puede variar, como fue el caso, y finalmente optamos por darnos un buen capricho, que nos lo merecemos. Leer la extensa y variada carta se traduce en vivir un gastromartirio psicológico al saber que no vas a poder probar muchos de los platos que te gustaría degustar, porque el estómago humano y el bolsillo, desgraciadamente, tienen un límite. La elección se hace realmente difícil en este carta que viene organizada en tercios, como las corridas, y bien subdividida por tipos de alimentos. Evidentemente, estando en la zona en la que estamos, destacan las carnes y la caza sobre los pescados, pero hay opciones realmente interesantes en los entrantes, y la sección de ‘Huevos, verduras y setas’ se convierte rápidamente en una de nuestras favoritas.

La elección del vino tampoco es fácil, hay un montón de referencias vitivinícolas de casi todas las D.O. españolas, con notable presencia de caldos de la Ribera de Duero, Toro y Rioja. Para cambiar, y tentando algo a la suerte, optamos por un vino del Bierzo, de precio asequible, un Pittacum Barrica 2007 de uva Mencía. A pesar del calor reinante y de que quizás apetecía más un blanquito bien fresquito, este tinto nos encandiló. De graduación alcohólica elevada, es un vino con cuerpo, pero para nada nos pareció pesado, muy fácil y ligero de beber, y como vais a ver, no sólo para acompañar carnes, ¡un gran acierto!

Botella Pittacum Barrica 2007, uva Mencía, vino D.O. Bierzo

Botella Pittacum Barrica 2007, uva Mencía, vino D.O. Bierzo

Tras el descorche cuidadoso de la botella, y dejarnos el corcho en un platillo para oler y observar su perfecto estado, todo un detalle, pasamos a tomar un cuidado aperitivo que viene en formato de croquetas, rellenas de queso y…de algo que mi paladar no sabe identificar, y que olvidamos preguntar al camarero, ¡cachís! Sí, muy ricas, nos quedamos con pena de saber qué llevaban exactamente, yo apuesto por algún tipo de seta.

Con un sabor de boca inicial muy prometedor, nos traen la centro y para compartir, una señora ensalada, que lleva por nombre y apellidos ‘Ensalada de hoja de roble, rulo de cabra, panceta crujiente y vinagreta de fresas‘. La lechuga fresca de hoja de roble abunda y da volumen al plato sí, pero es que las cantidades de panceta y el queso de cabra no se le quedan atrás. Es un plato ideal para compartir, da para un par de raciones bien majas por persona, y se nota que la panceta es de calidad, suelta esa grasilla natural que combina y derrite de forma exquisita el queso de cabra. Deliciosa, la vinagreta de fresas le otorga un punto ácido genial a la ensalada.

Ensalada de hoja de roble, rulo de cabra, panceta crujiente y vinagreta de fresas

Ensalada de hoja de roble, rulo de cabra, panceta crujiente y vinagreta de fresas

Siendo un sitio especializado en micología y carnes, como segundo plato, el menda lerenda no se lo pensó, y huyendo de carnes típicas como solomillo, entrecot o chuleta, me dejé aconsejar. Pluma ibérica era una opción, pero como la he comido en un sitio del que a buen seguro os hablaré algún día aquí, por no repetir, me dejé llevar por otras sendas del cerdo ibérico, y sin pedir lagarto, acabé pidiendo ‘Macilla ibérica con crema de queso de cabra y confitura de pimientos’.  Al igual que en el caso del lagarto, no soy capaz de deciros a qué parte del puerco corresponde la macilla, pero las explicaciones del camarero, el mismo de la terraza, majo y dicharachero, y que parece controlar bastante del tema, me convencieron.

Sinceramente, con el recuerdo de la pluma ibérica al sarmiento en mente, me esperaba mucho más de esta carne a la parrilla. La primera impresión al ver en plato, no lo voy a negar, es decepción, esperaba otra cosa, en otro formato. El plato trae una cantidad digna de carne, no muy generosa para su precio en carta, es carne buena, tiene sabor y toque a parrilla, pero nada del otro mundo, y no fue servida demasiado caliente.

Macilla ibérica con crema de queso de cabra y confitura de pimientos

Macilla ibérica con crema de queso de cabra y confitura de pimientos

No sé si por mis altas expectativas o por qué, pero el plato está a años luz de la imagen que yo había proyectado ya en mi paladar y estómago. Pequeña decepción que continúa con la ausencia de la crema de queso, y con unas patatas que decoran, pero que en realidad no pintan, ni gastronómicamente dicen nada en el plato. Se salva del plato la confitura de pimientos, deliciosa. De haber sabido, hubiera optado por pluma ibérica, que espero no siga este mismo formato de plato, o por algún chuletón o solomillo de vacuno autóctono de la zona, que esos platos seguro que no fallan.

Y la decepción con tu plato se acrecenta cuando ves que tu compañera de mesa está  disfrutando de lo lindo con su elección y te da para probar. Los humanos somos así, somos competitivos por naturaleza, también alrededor de la mesa.

Efectivamente, el otro segundo plato que pedimos fue la mayor sorpresa gastronómica de la jornada. Al no haber demasiada opción interesante en cuanto a pescado (no tenían el pescado de carta que pedimos), optamos por un plato que puede hacer las veces de entrante o de segundo plato. Según pedimos la ‘Exqueisada de verduras asadas con lascas de bacalao‘, el camarero, muy majo, fue a preguntar a cocina, ya que no las tenía todas consigo, pero en seguida vino sonriente diciendo que sí, que nos podían preparar el plato sin problemas. Allí llega el plato, con una presentación impecable, con una cama de verduras asadas de primera, (calabacín, pimientos, berenjena, etc.), y cubriendo la base, unas láminas de bacalao que complementan de muerte los mencionados ingredientes de la huerta. Un plato sencillamente genial, en el que nos acordaremos en mucho tiempo del exquisito sabor de las verduras asadas, un plato de los que dejan huella.

Exqueisada de verduras asadas con lascas de bacalao

Exqueisada de verduras asadas con lascas de bacalao

No teníamos muchas ganas de postre, y es una sección de la carta que muchas veces obviamos al elegir los platos, por lo que esta vez, para saciar la curiosidad de conocer qué ofrece este rincón a nivel de postres, echamos mano de nuevo de la carta, que viene cargada de postres caseros. Laura, especialista donde las haya en catar tartas de queso, caseras, se arriesga: ‘¡Ponnos por favor una ‘Tarta de queso casera‘ para compartir!’

Tarta de queso casera en el Restaurante El Ruedo

 Tarta de queso casera

Jugosamente casera, caseramente jugosa, es ligera, y se come muy fácil. No lleva mermelada o salsa por encima, que muchas veces disimula y estropea el sabor de base de la tarta. Va indirectamente acompañada de una crema de natillas, y de nuevo, un punto ácido de fresa, pero lo importante, es la tarta, de queso, una señora tarta casera. Ojo que Laura dixit: ‘Hacía tiempo que no comía una tarta de queso tan rica, entra en mi Top 5 de tartas de queso‘. Ojo al dato, esta expresión y afirmación no es habitual, va en serio.

Relamiéndonos todavía del postre, culminamos la gastroexperiencia con un magnífico café y un licor de hierbas casero, normalito. La anécdota del día es que la peque ha estado dormida en la sillita durante toda la comida, dejando a sus aitatxos disfrutar tranquilamente de una gastroexperiencia de altura en un restaurante auténtico de Candelario, en plena Sierra de Béjar. Es un sitio al que recomendaría ir, y el menú fin de semana que ofrecen, sin haberlo probado, tiene muy buena pinta y se le presupone buena relación calidad precio, ya que casi todo el restaurante comió en ese formato. Y si queréis daros un capricho, no excesivamente caro, degustando las diferentes especialidades de la casa, con platos auténticos a nivel de carnes a la parrilla y setas, os aconsejo abrir la carta y pasadlo ‘mal’ eligiendo los platos, palabrita del niño foodie. Volveré a Candelario, y si se tercia, volveré en temporada de setas, a probar varios platos cuyos nombres se me han quedado grabados en la retina, y de paso resarcirme de la macilla (¿estoy siendo demasiado exigente?) pidiendo alguna que otra carne a la parrilla, o por qué no, volviendo a pedir la exqueisada, ¡brutal!

Valoración @Lonifasiko: 4.3/5

Información práctica:

  • Página web del restaurante.
  • Alojamiento: El restaurante dispone de alojamiento en el mismo edificio, bajo la denominación de “Posada Puerta Grande”.
  • Dirección: Avenida Humilladero 2, 37710 Candelario (Salamanca)
  • Teléfono: (0034) 923 41 34 22
  • Precio aproximado menú fin de semana: 16€/persona (Julio 2013)
  • Precio aproximado carta (con vino crianza): 30-35€/persona (Julio 2013)

On egin!

Valora el artículo:

4 pensamientos sobre “Restaurante ‘El Ruedo’, una plaza gastronómica auténtica en Candelario, en plena sierra de Béjar”

  1. Qué rabia me da que no te gustara la carne. Candelario y toda la sierra son sitios excelentes para comerlas a la brasa, pero no tendrían el día 😉 Espero que volváis y, a ser posible, que estamos por ahí los paseantes para compartir una buena jornada gastronómica. ¡Un abrazo, pareja y gracias por la confianza!

    1. Hola Marta! A ver, no es que no me gustara, quizás he sido demasiado crítico en el post, pero sinceramente, por su precio comparando con otras carnes de la carta, y tras la explicación por parte del camarero de lo que era la macilla, esperaba muchísimo más. Estaba buena sí, pero correcta, sin más, nada espectacular. Además, como digo, tenía el recuerdo de la pluma ibérica, una carne que me parece sublime, y la macilla salió perdiendo en la comparativa, de lejos. En fin, es lo que tiene probar nuevos platos y “arriesgarse” gastronómicamente hablando, que la mayoría de las veces aciertas (la exqueisada), pero hay algunas pocas veces, que no tienes tanta suerte.

      En fin, que de todo se aprende, pero para la siguiente, que ojalá sea junto a vosotros, me decantaría por alguna carne más tradicional como el chuletón de morucha, o por la pluma ibérica. Gracias por comentar y un fuerte abrazo Marta de parte de toda la family!

    1. Buenas Alberto, y ¡bienvenido!

      Es lo que le comento a Marta: cuando pides platos que no conoces y te fías del camarero, la mayoría de las veces se acierta, y otras pocas veces, no es que no se acierte y no te guste el plato, sino que el plato simplemente no responde a las expectativas que te has creado sobre él, que es muy diferente a que no te guste. Efectivamente, el Pittacum fue un gran descubrimiento, me alegro de que lo conozcas, fue otra de las sorpresas positivas de la jornada, que hubo varias, y no todo va a ser meterse con la pobre macilla ibérica :). Gracias por el comentario y aportación, buen blog, ¡nos leemoX!

¡Enhorabuena por llegar hasta el final! Seguro que tienes algo que compartir, aportar o preguntar, ¿a que sí? Déjanos un comentario, ¡es gratis y puede ser de gran ayuda para otros!